Guilherme Sepúlveda es Cris y Antonia Santa María interpreta a su insatisfecha esposa Mía, la gata.

Por José Luis Arredondo.

Obra maestra del realismo teatral norteamericano y universal, este clásico de Tennessee Williams impone todo su dramatismo en una lograda puesta en escena dirigida por Alvaro Viguera. La Coproducción entre La Santa y el Teatro Municipal de Las Condes es uno de los mejores estrenos del 2022, gracias a sólidas actuaciones y una acertada adaptación de Elisa Zulueta.

«Qué puede hacer una gata parada sobre un tejado de zinc caliente? Aguantar lo más que pueda antes de saltar», se pregunta y responde Mía al comienzo de la obra.

Es el día del cumpleaños 69 del patriarca familiar y hay preocupación por su salud. Puede que su vida no se alargue mucho más y la fortuna y las tierras que dejará en herencia han despertado la ambición de su hijo mayor Thomas y su señora Laura, padres de cinco hijos y de otro en camino.

Cris, el esposo de Mía, está dedicado a la bebida tras el dolor causado por la muerte de su mejor amigo. Así las cosas, solo ella se preocupa de mantener a flote un matrimonio que naufraga y esta atenta a esa herencia que se les puede escapar de las manos si no actúan rápido; no tienen hijos y corren con desventaja ante la prolífica Laura.

Por su parte, la matriarca de la familia, Mami, no es mujer de muchas luces y no tiene gran poder de decisión. Ahora todo está en manos del destino y de las acciones que tome cada cual en esta lucha familiar sin cuartel.

Tennessee Williams, desplegado en toda su intensidad

Uno de los dramaturgos claves del teatro norteamericano del siglo XX, Tennessee Williams ganó dos veces el Premio Pulitzer; en 1948 por el drama «Un tranvía llamado deseo» (que tiene una gran versión cinematográfica a su haber, dirigida por Elia Kazán, con Vivian Leigh y Marlon Brando en los protagónicos); y en 1955 por «La gata sobre el tejado de zinc caliente» (que también cuenta con una popular versión en la pantalla grande, con Elizabeth Taylor y Paul Newman en los estelares).

En «La gata…», Williams conjuga de manera magistral sus principales obsesiones: la sexualidad, el poder, la violencia en las relaciones humanas, la ambición, las mentiras que cubren quemantes verdades, el miedo a la pobreza, la vejez y el desamparo; la vulnerabilidad del ser humano y sus contradicciones más agudas en el plano erótico y afectivo.

Esta es una obra de profunda intensidad, quizás más que «Un tranvía…» en muchos aspectos, un verdadero duelo dialéctico entre los personajes y sus tácticas y estrategias para ganarse el favor de Papi y no dejar escapar la jugosa herencia.

La ambición, el sexo y las mentiras son verdaderas pulsiones que moldean la conducta de los personajes. Ni Papi ni Mami son ajenos a esto y se sitúan al centro de la lucha entre Thomas, Laura y Mía, intentando mantener la cohesión familiar, entender la actitud casi suicida de Cris al ahogarse en whisky día y noche, y no sucumbir a las luchas de las parejas durante ese día de tensa celebración.

Se trata de una obra en la que se ejerce violencia a cada instante, física y verbal, y en la que el dinero (como fuente de conflicto pero también de solución a los problemas) está siempre presente, desde el inicio hasta el catártico final en el que -ya aclarado en su real dimensión el pronóstico sobre la salud de Papi y una radical noticia por parte de Mía- se viene a despejar parcialmente al menos, el combate colectivo que se ha llevado a cabo.

Lograda adaptación y puesta en escena

Elisa Zulueta y Guilherme Sepúlveda en una escena de esta nueva producción del apasionante drama de Tennessee Williams.

La adaptación realizada por Elisa Zulueta saca la obra del ámbito estrictamente norteamericano, no con un sentido localista, sino más bien atemporal, con el fin de acercarnos más al conflicto y provocar una identificación más directa con los personajes, los conflictos y la manera de comportarse y desenvolverse.

La puesta en escena de Alvaro Viguera, enmarcada en una lograda estética «vintage» que nos remite a nuestro presente en perspectiva con las décadas de 1950 o 60, descansa -como no podría ser de otro modo- en la fuerza y calidad de las actuaciones, junto a un excelente diseño de escenografía, iluminación y vestuario. Hay muy buen manejo del ritmo, que potencia la tensión reinante en la casa desde el inicio y a la vez mantiene la atmósfera de crispación en un sostenido y paulatino crescendo hasta el final.

Actuaciones de primer nivel

El elenco en su totalidad responde a la altura de la exigencia de este clásico del teatro.

La Mía de Antonia Santa María resulta enérgica y sensual, una mujer vital y empoderada, de aguda inteligencia y muy ruda cuando su futuro y el del hombre que ama dependen de ello.

El actor Ghilherme Sepúlveda se adentra a fondo en la tortura que devasta a Cris, personaje atormentado y escapista, que vive sumido en feroz angustia y dolor por la muerte de su mejor amigo, una relación que, según intuye la familia, tenía en secreto un cariz homosexual, intuición que pesa como una voluminosa carga en todo el círculo de rodea a Cris.

El pragmatismo y fortaleza de Papi y su fuerza de hombre luchador hecho a si mismo encuentra un gran cauce en la labor de Willy Semler, al igual que la Mami de Catalina Saavedra, personaje que ha vivido a la sombra de los demás y que debe soportar en ninguneo de muchos a cada instante, habitando cómodamente en su burbuja de burguesa de no gran intelecto.

Hay muy buena química entre la Laura de Elisa Zulueta y el Thomas de Ricardo Fernández, un siniestro «team» en busca de la herencia, cuyas acciones ese día tienen como único dudar un segundo en ganarse lo más posible el favor de Papi y por ende, sus millones.

Esta es una gata que brilla en su conjunto, que se potencia en todos sus componentes humanos y técnicos para hacer vivir un clásico total del teatro universal del siglo pasado. Un texto que es un verdadero y descarnado estudio de la psique y el alma humana, en un auténtico duelo de personajes que ponen en evidencia hasta dónde podemos llegar cuando se trata de obtener algo del otro, sobre todo si de ese «algo» depende el nuestro buen pasar presente y futuro.

Elenco: Antonia Santa María, Guilherme Sepúlveda, Catalina Saavedra, Willy Semler, Elisa Zulueta, Ricardo Fernández / Traducción: Rodrigo Olavarría / Adaptación: Elisa Zulueta / Diseño Escenografía e Iluminación: Ramón López / Diseño Vestuario: Loreto Monsalve / Composición Musical: Luciano Correa / Asistencia de Dirección y Producción: Scarlett Carrasco / Producción General: Antonia Santa María / Dirección: Álvaro Viguera.

Una coproducción La Santa – Municipal de Las Condes. En cartelera hasta el domingo 21 de agosto de 2022. Más información en http://tmlascondes.cl

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