Katherine Rodríguez y Emmanuel Vásquez, solistas de «Giselle» en el Municipal de Santiago. Fotos de Patricio Melo.

Por José Luis Arredondo.

Con entusiastas aplausos para solistas, cuerpo de baile y orquesta a cargo de Roberto Rizzi Brignoli, debutó en el tradicional escenario santiaguino la nueva producción del ballet «Giselle». La coreografía de Luis Ortigoza impone su romántico dramatismo dentro de una puesta en escena que resalta por el refinado vestuario y la acertada iluminación.

Programado en forma regular desde que debutara con el entonces ‘Ballet de Arte Moderno’ un ya lejano 1961 (sin dejar de notar que fue Ana Pavlova en 1918 quien encarnó este rol por primera vez en el Municipal), el ballet «Giselle» regresa este 2022 al Municipal de Santiago con una refrescante nueva producción a cargo del director del Ballet de Santiago, Luis Ortigoza.

A nivel argumental, «Giselle», con música del francés Adolphe Adam (1803-1856), es básicamente la historia de una joven aldeana que, muerta tras un desengaño amoroso, vuelve en forma de espíritu para reencontrarse de noche con su amado, en un anhelo de consumar el amor y la pasión más allá de la barrera que supone la muerte.

Para más información sobre este famoso ballet, entra a El clásico ballet «Giselle» retorna al Teatro Municipal de Santiago con nueva coreografía

En esta nueva coreografía, existe un marcado acento dramático que se manifiesta de forma patente en la diferencia entre el plano real (la vida de la aldea de Giselle en el primer acto) y el plano fantástico (el bosque de noche y los espíritus de las jóvenes muertas por amor, en el segundo acto). En el plano real prima la vitalidad y la energía, apoyada en el colorido y estilizado vestuario de Pablo Núñez y la acertada iluminación de Ricardo Castro. En el plano fantástico, la danza se vuelve logradamente etérea, crepuscular, taciturna, y priman cadencias propias de un mundo habitado por espíritus que vagan entre las tenues sombras y brumas del bosque a la luz de la luna.

Interpretación musical en óptimo nivel

De la mano de su director titular, el maestro italiano Roberto Rizzi Brignoli, la Orquesta Filarmónica ha escrito sus mejores páginas esta temporada 2022, y «Giselle» no es la excepción, ya que los músicos potencian toda la fuerza dramática que se puede extraer de la popular partitura de Adolph Adam.

La batuta de Rizzi Brignoli energiza la música, que en el caso del ballet no siempre se potencia en todas sus posibilidades expresivas, y a menudo se la relega casi al rol de acompañante del espectáculo. Aquí esto no ocurre; muy por el contrario, ya que el marco y soporte sonoro se funden con el sentido trágico de esta historia en el que el amor continúa más allá de la muerte.

Solistas en un gran momento de desarrollo artístico

Una escena del primer acto de «Giselle».

En el rol de Giselle resalta la calidad de Katherine Rodríguez, joven figura del Ballet de Santiago, que entrega en esta oportunidad uno de sus mejores y más logrados trabajos. En el primer acto la vemos dueña de una energía y vitalidad muy propios del carácter de un rol esencialmente Romántico, en una transición hacia el trágico final de la primera parte, momento que impacta por lo dramático de la situación y la acertada atmósfera que logra configurar la bailarina.

Notable a la vez resulta su performance del segundo acto, con una Giselle convertida ya en Willis, en que todo el brío juvenil del primer acto se transforma en algo etéreo y sutil, remarcando en cada movimiento el carácter fantástico y fantasmal de la situación general.

Se impone a la par el dramático príncipe Albrecht de Emmanuel Vásquez, quien acentúa el sufrido heroísmo de su rol con mucho acierto. Lo mismo que el Hilarión (aldeano enamorado de Giselle) de Cristopher Montenegro, enfocado desde su pulsión vengativa e iracunda al ver frustradas sus intenciones de conquistar a la joven, a pesar de sus esfuerzos.

Katherine, Emmanuel y Christopher componen un trío protagónico muy bien ensamblado, complementado y de excelente química. Su trabajo es enmarcado por la solvencia de la Mirtha (Reina de las Willis) de Mariselba Silva, y del cuerpo de baile, mayormente femenino, de gran performance en su conjunto.

Vestuario resalta por belleza y cromatismo

Otro aspecto fundamental de esta versión es el preciosista y estilizado vestuario realizado por Pablo Núñez. De variado colorido en las escenas de la aldea y sutil cromatismo en la larga noche del segundo acto, resulta un trabajo detallista y preciosista, muy ad-hoc al espíritu etéreo y romántico de este ballet. En la puesta en escena resalta también el acertado diseño lumínico de Ricardo Castro, el que sobresale el bien conseguido ambiente taciturno y brumoso del segundo acto, con diversas tonalidades de azul que van muy de la mano del fantasmal entorno.

Estamos así ante una «Giselle» enérgica y vital, alejada de la rutina en la que se puede caer al montar un título tan frecuente dentro del ballet clásico, de tutús vaporosos, gasas y tules. Esta puesta cuenta con un atractivo diseño integral y un conjunto de bailarinas y bailarines que demuestran estar en un gran momento profesional, y que se despliega con pasión y entrega junto a una Filarmónica que en manos de su director titular consigue un alto nivel musical.

«Giselle». Música: Adolph Adam. Coreografía: Luis Ortigoza. Dirección Musical: Roberto Rizzi Brignoli. Escenografía y vestuario: Pablo Núñez. Iluminación: Ricardo Castro. Solistas y cuerpo de baile del Ballet de Santiago. Funciones, con tres elencos, hasta el sábado 13 de agosto.

Más detalles e info en http://municipal.cl

Deja un comentario