La soprano Alexandra Razskazoff y el tenor Iván Ayón-Rivas, en una escena del primer acto de la ópera.

Por José Luis Arredondo.

La Temporada de Ópera 2022 del Municipal de Santiago se inició con una versión de concierto semi escenificada que, a pesar de algunos problemas derivados de la ubicación de la orquesta, consigue desplegar todos los méritos de la conmovedora ópera «La Bohème», de Puccini.

Desde su estreno mundial en Turín en 1896 con el legendario director Arturo Toscanini en el podio, existe una inquebrantable complicidad entre el público y la ópera «La Bohème», de Giacomo Puccini. Es que resulta imposible restarse al potente influjo de una obra que es una exaltada oda al amor y a la amistad, desplegada en la emotiva y dramática historia de un grupo de jóvenes bohemios y apasionados en el París del siglo XIX.

Sea cual sea el formato en el que se presente al público, con escenografía completa y vestuario o en versión de concierto (tal como sucede ahora en la tradicional sala de calle Agustinas), «La Bohème» siempre toca las fibras más sensibles de los aficionados a la ópera y también a los que se recién se adentran en el arte lírico.

En esta oportunidad, y como puntapié inicial a una Temporada de Ópera 2022 de solo tres títulos, el Teatro Municipal de Santiago se la juega por una particular versión de concierto semi escenificada, con cantantes vestidos de gala que realizan una ágil planta de movimientos, como si se tratara de una puesta en escena completa.

Este recurso escénico no es muy extraño ni infrecuente, y podemos citar a este respecto un clásico del teatro universal como «Nuestro Pueblo», de Thorton Wilder, cuya principal característica es una puesta en escena de esta naturaleza.

Esfuerzo de los cantantes

Las normas sanitarias anti-pandemia obligaron al Municipal de Santiago a reubicar la Orquesta Filarmónica, que desde hace un tiempo ocupa buena parte de lo que era el patio de butacas más próximo al escenario. Esta disposición obliga a los cantantes a «pasar» con su voz por sobre la masa sonora orquestal para hacerse escuchar, lo que no es un esfuerzo menor. La ubicación de la orquesta también condiciona en parte la audición del público de platea y palcos del primer piso, ya que altera los balances y deja en general a la sección de vientos en cierta desventaja respecto de su llegada a nuestros oídos.

Por eso resulta encomiable el esfuerzo que despliegan los artistas nacionales y extranjeros, que logran sortear con buenos resultados esta dificultad espacial. Asimismo, el Elenco 1 responde bien a las claves del semi montaje, y otorga credibilidad a su despliegue en escena con fuerte sentido lúdico y contenido dramatismo.

Alto nivel artístico

Alexandra Razskazoff, Iván Ayón-Rivas, Eleomar Cuello, Jaime Moncada y Javier Weibel en una escena de «La Bohème». Foto de Patricio Melo.

El Rodolfo que interpreta el tenor peruano Iván Ayón-Rivas resulta muy expresivo en su vena más dramática. A esto le ayuda un timbre brillante y un fraseo que por momentos nos evoca a Neill Schicoff, un gran bohemio puccinicano de épocas pasadas.

Iván Ayón-Rivas sorter la dificultades de la partitura gracias a un buen volumen y aunque en las primeras escenas su sonido de pronto se pierde, en los pasajes más exigentes sale muy airoso, tanto en lo musical como en lo actoral. Lo propio sucede con la soprano norteamericana Alexandra Razskazoff, que pese a cierta dureza inicial logra entrar en la piel de la desvalida Mimí gracias a un sólido material vocal, gran cuota de musicalidad y buen despliegue escénico en cuanto a lo expresivo.

No resulta sorpresivo el alto nivel alcanzado aquí por el barítono Javier Weibel, que canta el rol del pintor Marcello. Weibel es dueño de una voz muy bien timbrada y contundente, y un generoso volumen que llena la sala sin dificultad, aún en los momentos de fortes orquestales. Colabora al buen resultado también su calidad actoral de fuerte sentido lúdico y su eficaz manejo de lo dramático. Sin duda uno de los mejores aportes al exitoso resultado de esta versión.

La Musetta de la soprano Annya Pinto es un encanto. Ella es una voz nacional ya totalmente consolidada aquí y el el extranjero, que luce gran prestancia escénica y una pasmosa seguridad tanto en lo musical como en lo teatral. Su Musetta resulta por momentos apabullante y se adueña de cada situación en la que interviene. Es otro logro que Annya Pinto debe anotar en su bitácora artística.

No se quedan atrás en calidad el Schaunard de Eleomar Cuello, cuya voz y soltura escénica han tenido una gran evolución, y el Colline de Jaime Mondaca, que junto a sus compañeros bohemios entregan potente química y muy buen despliegue vocal. Acertados a la vez en sus roles están Francisco Salgado (quien encarna al casero Benoit y al pícaro Alcindoro) y el dinámico Parpignol del tenor Gonzalo Quinchahual.

Un factor fundamental para el éxito de esta versión es la conducción del maestro italiano Roberto Rizzi Brignoli. En sus manos la Orquesta Filarmónica ha brindado esta temporada muchos de sus mejores momentos y esta no es la excepción.

Como ya hemos señalado una vez, Rizzi Brignoli presta gran atención a los detalles y conduce con maestría a cada grupo instrumental, para conseguir un fiato absoluto y un manejo de los balances que permiten disfrutar de toda la riqueza de esta ópera estremecedora.

Los logros de esta versión se hacen extensivos al Coro del Teatro Municipal de Santiago, cuya labor el público sabe premiar con parte de los aplausos más entusiastas de la velada.

«La Bohème», de Giacomo Puccini. Orquesta Filarmónica de Santiago bajo la conducción de Roberto Rizzi Brignoli. Dirección escénica de Fabiola Matte. Funciones del Elenco 1 hasta el 21 de julio de 2022 en el Municipal de Santiago http://www.municipal.cl

Si quieres ver el comentario sobre el Elenco 2, te compartimos el link https://todalacultura.org/2022/07/13/la-boheme-en-el-municipal-soprano-vanessa-rojas-brilla-en-un-elenco-2-que-no-da-sorpresas/

Fotos: Patricio Melo.

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