Por José Luis Arredondo.

Año 1879, en el norte se libra la llamada “Guerra del Pacífico”, más abajo en el mapa, en el centro y sur, el pueblo libra otra batalla, una más antigua, y que se prolonga por muchas décadas, antes y después. Es la batalla contra el abuso y la explotación.

Filomena corre desesperada por el campo, así como un conejo asustado que huye de algún depredador. Casi sin aliento y al borde del colapso llega a un lugar donde una mujer la tranquiliza y le ofrece agua para que se calme, es Adelaida, Filomena es una mujer del siglo XIX y Adelaida una del XXI, pero ahí, en ese lugar alegórico de nuestro campo, se encuentran como dos fugitivas, una huye de un sistema patronal que mantiene a inquilinos e inquilinas bajo semi esclavitud, la otra escapa de un sistema social injusto y discriminador dominado por el capital. De alguna forma ambas están “hermanadas”, en distintas épocas y formas han sufrido abuso por parte del “sistema”. Pero no están solas, porque a poco andar entra una tercera mujer en el conflicto, Rosaura, que en este caso viene a agregar un elemento de tensión ya que su postura es a favor del patrón, es la sierva que defiende el orden que la explota y oprime, la aliada del sistema que la abusa y esclaviza.

Tres mujeres separadas por un siglo de diferencia, con todas las condicionantes sociales que esto implica, pero unidas por un “yugo” político-social-económico que pervive y es caldo de cultivo para la injusticia en todas sus formas.

El conflicto en sí lo desata el enrolamiento del hijo del patrón y su “despedida” antes de marchar, una instancia de jolgorio que al calor del alcohol exacerba las bajas pasiones del patrón y su vástago hacia Filomena. Conflicto que enfrenta a la joven con Rosaura, ya que esta última toma partido por el muchacho.

“Tu no eres, hermana, un conejo corriendo desesperado por el campo chileno”, estreno en la Muestra Nacional de Dramaturgia, del dramaturgo y director Marcelo Leonart, instala desde la dialéctica teatral temas que cruzan nuestra historia pasada y presente, que hunden su problemática en la noche de los tiempos: el lugar de la mujer del pueblo, sometida al abuso, la explotación, la discriminación y las injusticias en variadas formas de opresión y represión en una sociedad de raigambre clasista y patriarcal.

La obra es una reflexión sobre el abuso y las injusticias en el contexto de una toma de conciencia. Las posturas, de aguda carga social y política están representadas por las tres mujeres, cuyas experiencias y pensamientos, catalizan problemáticas históricas en el seno de nuestra sociedad. Leonart expone por boca de cada una los conflictos, y su evolución en el tiempo, que han moldeado la historia social de nuestro país, desde el siglo XIX hasta hoy, un devenir que se puede resumir en la lucha que ha implicado la toma de conciencia del pueblo de su lugar, derechos y deberes, y la tensión que ha puesto con quienes detentan el poder, esta toma de conciencia.

Todo permeado de un discurso propio de lo femenino y su postura reivindicativa, pero que igual vale para todo nuestro cuerpo social.

Buenas actuaciones, que se apropian convincentemente del discurso, y un dispositivo escénico-audiovisual con claras trazas de distanciamiento para reforzar la fuerza ideológica del discurso.

Una valiosa apuesta de teatro militante hecho con gran calidad artística y claridad política.

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