Por José Luis Arredondo.

Son tres capítulos, tres episodios independientes en lo argumental pero unidos en lo temático, tres historias de “terror y humor” político, como una delirante “Galería Nocturna” (la mítica serie de TV), en la que lo sobrenatural se tomaba la pantalla con historias fantásticas pero inquietantemente posibles.

En la primera historia (cosas que suceden en el pasillo de los animales), dos reponedoras de supermercado conversan en un oscuro y por momentos tenebroso espacio, sobre lo que sería una supuesta pesadilla amoroso-política: La mayor confiesa estar pololeando con Pinochet, conoció al dictador en Tinder (la aplicación de citas) y ahora salen juntos, el tipo se presentó como “Daniel López” y ella lo reconoció, aunque igual el romance va en curso. Un amorío que concluirá con inesperado final, cuando la más joven, con vergüenza, admite salir con Pablo Longueira.

En el segundo episodio (Que nos queme el infierno hasta volvernos cenizas), Jaime Guzmán y Pablo Longueira, en el infierno, cantan, bailan y se declaran un tórrido amor, en un delirante video clip al ritmo de una canción electro pop. Orgullosos y felices de constatar que su herencia política aún pervive intacta entre nosotros.

En el tercer capítulo (Cadáver viviente), una Lucía Hiriart inmortal, tortura verbalmente a la enfermera que la cuida, yace en cama pero sus fuerzas no la abandonan, destila veneno contra la chica, por su origen humilde y posición política de izquierda, y vomita odio contra todo y todos los supuestos enemigos y adversarios. No muere, no puede morir, ni aún cuando la chica, hastiada de su “paciente”, toma una drástica decisión.

“El terror de vivir en un país como este”, de Carla Zúñiga y Manuel Morgado, juega con la sátira, el humor negro y el delirio, para constatar que a 30 años de la dictadura, aún su negra sombra nos cubre. Personajes claves de ese periodo (Augusto Pinochet, Jaime Guzmán, Lucía Hiriart, Pablo Longueira), están, bajo distintas formas, aún presentes, y sus vidas y obras siguen gravitando en nuestro diario vivir como sociedad.

Con una nueva constitución ad portas aún nos rige la diseñada por Jaime Guzmán, como traje a la medida para la dictadura; nos gobierna la derecha más dura, la que fue cómplice activa del gobierno militar; las FFAA y Carabineros siguen detentando un poder que va más allá de sus funciones; los sectores más reaccionarios, que ocupaban puestos de poder tras el golpe, hoy impulsan o traban leyes desde el Congreso. No hemos podido aún romper el cerco dictatorial, vivimos una democracia de cartón, con más poder formal que real.

La dramaturgia se mueve en el terreno de la sátira y moldea un ambiente general de pesadilla, los personajes habitan un espacio escénico que evidencia su teatralidad por medio de las luces y la escenografía, como optando por la alegoría para reforzar el hecho político. Los diálogos son agudos, se filtra potente la ironía y lo socarrón se instala con propiedad.

Buenas actuaciones y una dirección ágil y que acentúa el carácter lúdico del juego escénico. Una pieza aguda, punzante, que nos hace reflexionar y esbozar una amarga sonrisa mientras vemos, y constatamos, un puñado de sombrías verdades. El teatro sigue siendo uno de los mejores vehículos para decirle al emperador que va desnudo, aunque constatemos después que nosotros también lo estamos. Otro botón de muestra de la calidad de Carla Zúñiga y su pluma.

“El terror de vivir en un país como este”, de Carla Zúñiga y Manuel Morgado. Dramaturgia de Carla Zúñiga. Diseño de Manuel Morgado. Títulos, créditos y FX de César Morales. Realización escenográfica de Nicolás Muñoz. Canción original de Rae del Cerro Floreado y Loreto Ríos. Voces de Loreto Ríos y Carolina Díaz. Cámara de César Zúñiga y Franco Barrios.

Elenco: Grimanesa Jiménez, Gabriela Arancibia, Nicolás Venegas y David Gaete.

En Matucana 100 #Virtual hasta el 29 de noviembre.

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