Por José Luis Arredondo.

Parece un mito, una leyenda, pero fue realidad. Ocurrió y es parte de nuestra historia continental precolombina, los tiempos en que el imperio incaico dominaba desde el Cuzco gran parte de la América del Sur. Una historia que salió a la luz cuando un grupo de exploradores-saqueadores fueron en busca de algún tesoro o filón de plata, allá por la década de 1950, y dieron con un sitio ceremonial inca en la cumbre del cerro El Plomo, ubicado en la central Región Metropolitana de Chile. Allí encontraron un sepulcro con el cuerpo de un niño en posición fetal y en casi perfecto estado de conservación. Era El Niño del Plomo.

Es esta historia, profundamente arraigada en nuestras tradiciones y ceremonias precolombinas, la que la compañía LaNativa Teatro nos hace llegar vía Zoom en un atractivo montaje de Teatro de Marotes, esa técnica en la que las manos del muñeco se sustituyen por las del propio manipulador.

Aquí nos cuentan, en un tono de leyenda, la desgraciada travesía de Dieguito, que es llevado junto a su perro Wenceslao a la cumbre del cerro El Plomo sin saber el motivo de ese largo y fatigoso viaje, en el que los elementos de la naturaleza se manifiestan con furia y hacen más agotadora la fatídica aventura.

Dieguito sufre los rigores del clima. La fatiga y el frío lo agobian a medida que avanza, no hay pausa, no hay descanso, el viento cala los huesos en medio de la más absoluta soledad, y a su alrededor surgen voces y figuras que acompañan su extenuante y fatal recorrido.

Este trabajo virtual utiliza mayormente la pantalla compartida. Así, los otros personajes son un séquito que acompaña al niño, en un marco de impronta ancestral y poética, en la que el centro son Dieguito y Wenceslao. Pensada como obra familiar,»El Niño del Plomo» utiliza un tono cercano y de una sencillez que no resta calidad al montaje.

Las figuras, antropomorfas en su mayoría, nos conectan con entidades propias de nuestra naturaleza; el Cóndor, la Tierra, la Montaña, el paisaje Andino y sus diferentes colores y formas, van dibujando el entorno en que el niño se conecta con sus ancestros y los elementos de forma lúdica y directa.

“El niño del Plomo” es un trabajo de muy buena artesanía teatral. Lúdico, sencillo, directo, imbuido de nuestra historia más primigenia, que en un tono de leyenda y mito, nos acerca a un brutal ceremonial incaico (el Capacocha), sin morbo ni efectismo, para poner el centro y la atención en la inocencia y pureza del protagonista.

“El Niño del Plomo”, de Luis Narváez. Con Pamela Lizama, Marialy Herrera, Jessica Barrales, Pía Narváez, Christian Cancino, Gonzalo San Martín, Natalia Navarrete y Melisa Gómez. Musicalidad: Loreto Ríos. Diseño Integral y Arte: Jocelyn Olguín. Ilustración y Video: Claudia Salas. Técnica Zoom: Kineret Serebrinsky.

Hasta el 29 de noviembre en la Sala Virtual del Teatro Finis Terrae. Sábados a las 12 y 19 horas. Domingos a las 12 horas. Preventa $3.000.- General $4.000.-

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