Ópera «El Caballero de la Rosa» se impone con enorme calidad vocal en una mediocre puesta en escena

Por José Luis Arredondo.

Fue en 1987 la última vez que esta formidable ópera del alemán Richard Strauss (1864 – 1949) subió al escenario del Teatro Municipal de Santiago.

Esa larga ausencia de 32 años quedó atrás este miércoles 12 de junio cuando se estrenó la presente versión, conducida por el maestro Maximiano Valdés con dirección escénica del argentino Alejandro Chacón, en coproducción entre el Municipal de Santiago y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá.

«El Caballero de la Rosa» es una excelsa y refinada comedia, de tres horas y cuarto de música compleja y fascinante, que narra una historia de enredos, equívocos y simulaciones situada en la Viena del siglo XVIII, y que refleja el espíritu, aquí ya decadente, de una época de salones fastuosos, amores furtivos y matrimonios por conveniencia.

Argumento

La Mariscala es una mujer noble ya camino a la madurez que tiene como amante a un romántico y elegante adolescente llamado Octavian (rol escrito para ser invitado por una mezzosoprano).

Luego de una extensa escena de amor, el Barón Ochs, primo de La Mariscala, se presenta en su casa para anunciarle su compromiso con la joven Sophie, hija del acaudalado burgués Faninal.

Al inicio del segundo acto, Octavian es el encargado de entregar a Sophie la Rosa de Plata, que es el símbolo del compromiso matrimonial.

Es en ese momento que se produce el flechazo amoroso entre ambos jóvenes.

El amor entre Octavian y Sophie es fulminante y los planes de matrimonio del Barón quedarán en entredicho en medio de una extensa secuencia de situaciones cómicas y paradojales.

Musicalmente, “El Caballero de la Rosa” es una obra fascinante y de absoluta madurez.

Richard Strauss ya había estrenado dos de sus obras líricas más vanguardistas («Electra» y «Salomé») y aunque este Caballero es evidentemente «neoclásico», se filtran en él tonos y colores que acusan la influencia de la producción anterior del compositor.

En ese sentido esta ópera no es, como se dice a veces, una vuelta atrás, sino más bien un ejercicio estilístico, con clara melancolía y evocación de las óperas de Mozart, que contiene en sí misma toda la riqueza de ideas musicales Straussianas.

La genial partitura está apoyada en un gran libreto de su colaborador Hugo von Hofmannsthal, de enorme calidad teatral, que en pocas pinceladas configura en profundidad el carácter de cada personaje y logra articular el sinfín de situaciones dramáticas con matemática precisión.

La labor del maestro Max Valdés frente a la Filarmónica de Santiago es correcta pero no descollante.

Su conducción resulta discreta en relieves y capas, y por momentos luce apagada y casi anodina. Es una batuta que conduce la obra pero no aporta un enfoque personal.

El director Maximiano Valdés conduce la Orquesta Filarmónica de Santiago.

Entre los solistas del Elenco Internacional, resulta sobresaliente el trío protagónico.

La Mariscala de la soprano irlandesa Celine Byrne trasunta belleza y nobleza, y gracias a un hermoso timbre y color, muy bellos pianissimos y una linea de canto de gran musicalidad, configura muy bien su rol a pesar de un volumen no muy generoso y una presencia escénica que se ve a ratos opaca.

El Octavian de la mezzosoprano francesa Sophie Koch es simplemente deslumbrante, y denota el manejo total del rol que tiene la afamada intérprete, tanto a nivel musical como teatral.

La voz de Koch ha crecido en el tiempo, hay buen caudal y un gran sentido del matiz, maneja muy bien la «masculinidad» del papel e imprime el ritmo a cada escena en la que interviene.

En el rol de Sophie, un buen desempeño ofrece la soprano Elbenita Kajtazi, venida desde Kosovo. Ella tiene un hermoso material vocal, joven y prístino, y mucha soltura escénica.

También es un punto alto de esta versión el Barón Ochs del bajo-barítono alemán Jurgen Linn.

Su noble cazafortunas es lo necesariamente rústico, cómico y arrogante como para ser el contrapunto a la delicadeza de Sophie y La Mariscala.

De material vocal robusto – sobre todo un expresivo centro- y buen manejo teatral, Linn se impone como el villano que debe ser.

Muy bueno es el trabajo del barítono chileno Patricio Sabaté en el rol de Faninal (padre de Sophie), que resulta muy jugado teatralmente, de un arribismo cómico e ingenuo.

Sabaté explota a fondo estas caracteísticas en lo vocal y lo escénico, y configura un personaje que crece en escena.

El resto del elenco ofrece un solvente desempeño, resaltando la labor de la soprano Marcela González como el ama de llaves Marianne; el tenor David Junghoon Kim como el cantante italiano (muy aplaudido); y la mezzosoprano María Luisa Merino como la intrigante Annina, en lo que constituye su debut en el Teatro Municipal de Santiago.

Punto débil de la versión resulta la dirección escénica de Alejandro Chacón, por lo básica y carente de lectura y punto de vista.

Es una puesta en escena pobre en ideas, con soluciones que rozan lo escolar, y movimientos, tanto de los solistas como del conjunto, primarios y de escasa composición visual.

Tampoco ayuda la escenografía de Sergio Loro, que en el caso del segundo acto (situado en el Palacio de Faninal) resulta patética.

Mejor suerte corre el vestuario de Adán Martínez, en especial en el caso de los personajes masculinos, ya que en el de los femeninos (sobre todo el vestido de La Mariscala en el último acto), luce de menor calidad.

Correcta es la iluminación de Ricardo Castro, aunque sin mayores relieves cromáticos que dieran más atmósfera a casa escena.

«El Caballero de la Rosa» tiene funciones hasta este 19 de junio en el Municipal de Santiago, con dos elencos (internacional y estelar). Duración total del espectáculo (con dos intermedios): 3 horas 50 minutos.

Fotos: Patricio Melo.


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