Por José Luis Arredondo.

Figura central y esencial de nuestra identidad cultural, Gabriela Mistral (1889 – 1957) no dejó tema concerniente a su época que no tocó, por sus celebres «recados», cartas, y otros escritos, desfiló su postura frente a temas de sociedad, política, cultura y humanismo en sus más variados aspectos, todo tratado con abismal claridad y un punto de vista rotundo y de una solidez propia de su estatura intelectual. Autodefinida, en carta a Manuel Magallanes Moure, como una mujer «seca, dura y cortante», no tuvo reparos en dar su parecer frente a los más variados temas sin pelos en la lengua y con una frontalidad que le acarreó enemigos aquí y en otras latitudes. Un pensamiento que se filtra en su prosa con la misma fuerza que lo hacen las imágenes en su poesía, y que configura ante el mundo el retrato de una mujer con un hondo sentido humanista, con profunda conciencia de clase y, sobretodo, de género.

«Mistral, Gabriela (1945)», de Andrés Kalawaski, dirigida por Aliocha de la Sotta, es una obra que «hace hablar» a Mistral, en apretado resumen, de todos los temas que ocuparon la atención de nuestro primer Nobel de Literatura, y lo hace articulando su pensamiento en torno a temas de género, ficcionando para ello el secuestro de Gabriela por parte de un grupo de jóvenes feministas en el periodo en que se le otorga el Nobel mientras residía en Brasil.

Puesta en este trance apócrifo, Gabriela es obligada a pronunciarse, mediante un interrogatorio, que es tenso ejercicio dialéctico, con una de sus secuestradoras, sobre variados temas inherentes a su postura frente a cuestiones personales, sociales y políticas. Desfilan de este modo ante nosotros su devastación ante la muerte de su sobrino Yin Yin, su relación con la política chilena y nuestra realidad social, el dolor ante la muerte de su amigo Stefan Zweig, la verdadera relación con la muerte de Romelio Ureta (su primer amor), su condición sexual a través de su relación con la escultora Laura Rodig, y por cierto temas que se vinculan a la mujer y su rol en la sociedad.

Tal como lo plantea el montaje, no estamos frente a un recital poético, ni a una semblanza biográfica, ni a una exposición académica en la forma de un monólogo. La pieza es un buen intento de exponer el pensamiento y la emocionalidad mistraliana dentro de una ficción en donde se la conmina a pronunciarse sobre temas de feminismo a la luz del siglo XXI, en este sentido se filtra la quemante actualidad que cobran los planteamientos de Gabriela hoy en día.

Dramáticamente hablando es obvio que predomina la figura de Mistral frente a la de su secuestradora, esta última actúa como un incentivo, un catalizador para hacer hablar a la poeta, en este sentido el centro que hace gravitar y conduce la acción es ella y son sus planteamientos los que se imponen por la fuerza de la razón.

La obra explora en este ejercicio dialéctico las facetas de la personalidad de Gabriela así como sus posibles contradicciones, indaga en su pensamiento para buscar qué tanta resonancia tienen en nuestra sociedad actual y la trae frente a nosotros como lo que era, la mujer frontal, clara y asertiva, que se aleja de la imagen blanda e incompleta de la autora de «piececitos de niño». Ayuda en esta semblanza la diferencia de edad con la joven que la mantiene cautiva, esto activa la natural tensión generacional que provoca el estar situadas en dos épocas distintas, con el lógico choque de visiones y experiencias.

Muy buen desempeño actoral de Solange Lackington, que configura una Gabriela atormentada, un poco cansada pero enérgica y vehemente en sus convicciones. La joven secuestradora de Valeria Leyton se desdibuja por momentos aunque cumple con su rol de gatillar con su discurso incisivo la visión de mundo de Mistral.

«Mistral, Gabriela (1945)», es una obra que aporta al conocimiento que debieramos tener de nuestra poeta mayor. Una pieza que logra situarla en el terreno de lo que ella nunca evadió, la contingencia, y que la aleja de la imagen, falsa por lo incompleta, de la maestra rural solo preocupada de su escuela.

Buen diseño de iluminación (Andrés Poirot) y acertado vestuario y escenografía (Daniela Vargas).

Del 10 de mayo al 22 de junio en el Centro Gam (Metro U. Católica). De miércoles a sábado a las 21 horas. Entradas de 3 mil a 6 mil pesos.

Fotos Patricio Melo.

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