Por José Luis Arredondo
Tamara Acosta, Thais Zuñiga y Veronica Medel son los pilares de esta renovada versión del clásico de Alejandro Sieveking. La puesta de Alexandra von Hummel rescata todo el inquietante, surrealista y hasta terrorífico ambiente de esta obra referencial del teatro chileno.
Adelaida, Adelina y Adela parecen habitar un hogar como cualquier otro en el Talcahuano de los años 60. Ahí, junto a su padre, estas tres singulares hermanas solteras llevan una vida que podría ser rutinaria, salvo por un detalle: En la casa hay algo o alguien, que les demanda mucha atención.
Es tanta la dedicación que deben dedicarle, que por su “culpa” quizás, cada una aún no ha podido formar familia propia. Es un círculo vicioso que esta noche pretende romper Adela, la menor, cuando llegue al hogar su flamante novio para ser presentado ante el clan familiar.
Sieveking inquietante y terrorífico
Ese es el punto de partida de “La mantis religiosa”, de Alejandro Sieveking (1934-2020), estrenada originalmente en 1971.
La obra amplía los límites del realismo para adentrarse, con una impronta de cuento gótico, en el devenir de estas tres hermanas y su padre, en el sur chileno de hace más de medio siglo.
Cuando se inicia la obra, todo parece transcurrir de manera rutinaria, hasta que se alude a un personaje que al que se le siente pero no se le ve, y que resulta esencial en el desarrollo de la trama.
Este personaje permanece oculto, quizás contra su voluntad, o quizás no. Una presencia, a la que se alude de forma permanente y debe ser alimentada por las hermanas, a la vez ellas tienen que cuidar que permanezca fuera de la vista, al menos de quienes no pertenecen al círculo familiar.
Sexo y peligro
En este misterioso ‘ser’, el dramaturgo Alejandro Sieveking deposita variados significados y paradojas.
Para algunos es monstruoso, para otros, la encarnación de la belleza (la fealdad o la belleza están en los ojos de quien mira).
A primera vista, las tres hermanas nos parecen sus víctimas, tres mujeres condenadas a cuidarla y asistirla día y noche sin posibilidad de desarrollar una vida propia. Y al contrario, está también la posibilidad que este ‘ser’ sea la víctima de estas mujeres, que le mantienen en cautiverio por alguna razón. Aquí el bien y el mal son líquidos, ambiguos, difuminan sus límites y no todo lo que vemos es como lo percibimos.
El título alude al insecto conocido como “Mantis Religiosa”, o llamado también ‘Santateresa’ (dato no menor en el contexto de la obra), y que según la creencia popular, verla trae suerte y fortuna. Sin embargo, una característica de este insecto es que mientras se aparea o inmediatamente después, la hembra devora vivo al macho.

Potente versión actualizada
La directora del montaje es Alexandra von Hummel, quien nos instala como espectadores al interior de una amplia cocina típica de un hogar de clase media de la década de 1960.
En esa espaciosa cocina con comedor de diario y una serie de puertas al fondo, que se abren a espacios no realistas, en el cual los personajes pasan continuamente hacia un plano simbólico y metafórico.
En escena, la realidad se fisura para dar paso a un ambiente surreal e inquietante, que se acentúa a medida que se aproxima el desenlace.
La dirección marca con claridad el tono de comedia negra y alegoría que posee la obra, y potencia sus aristas, en cuanto a significados, creando un tono onírico abierto a múltiples interpretaciones.
Actuaciones convincentes
El trabajo actoral de «La mantis religiosa» resulta sólido, expresivo y muy inserto en la propuesta general.
La actriz Tamara Acosta, como la hermana mayor, deja patente su experiencia escénica y seguridad interpretativa, y filtra bien las características de dueña de casa que posee su personaje.
Verónica Medel, como la hermana del medio, maneja las diferencias de carácter que posee en relación a la mayor y la menor, y a la vez expresa con claridad la química y complicidad que posee con su hermana mayor.

Thais Zuñiga, como la menor, entrega una de las mejores actuaciones de esta temporada teatral. Su papel está configurado con fuerza y claridad, y se mueve con seguridad entre el miedo a correr la misma suerte de sus hermanas (la soltería) y la energía para quebrar la mano del destino.
Manuel Peña, en el rol del padre, cataliza bien su papel de ‘un extraño en casa’, y articula tanto su indefensión ante las hijas como la firmeza que necesita para no dejarse pasar por encima. Punto alto es la escena en que pone varios puntos sobre las íes antes de su intención de abandonar el hogar.
Luciano Reinoso, como el flamante pretendiente de la hermana menor, deja patente la característica primordial de su rol, la indefensión total hacia la fuerza avasallante de estas tres hermanas. En este aspecto está lograda la configuración y naturaleza del papel, aunque falta energía en la entrega y más sintonía fina en la progresión dramática del personaje.
Esta producción de «La mantis religiosa» permite conocer o reencontrarse con una obra bastante atípica de la dramaturgia chilena del siglo XX, más bien dada al realismo y costumbrismo en general, y es una de las cumbres de la reconocida producción de Alejandro Sieveking. Un referente de nuestro teatro que aquí resurge potente y actualizado.
Ficha artística
«La mantis religiosa»
Dramaturgia: Alejandro Sieveking. Dirección: Alexandra von Hummel.
Escenografía y vestuario: Laurene Lemaitre. Iluminación: Gloria Allendes. Caracterizadora: Margarita Nilo. Música: Mario Avillo. Composición escénica: Elias Cohen.
Elenco: Tamara Acosta, Verónica Medel, Thais Zúñiga, Manuel Peña y Luciano Reinoso.
Fotos de Juan Ramírez.
En el Teatro UC (calle Jorge Washington 26, Plaza Ñuñoa. Metro Chile España).
Funciones de miércoles a sábado a las 20 horas, hasta el 13 de septiembre. Edad recomendada: Mayores de 16 años. Entradas desde $7.000 (estudiantes) y $8.400 (personas mayores) en Ticketplus y boletería del teatro.
Crédito fotos: Juan Ramírez.
Nueva temporada: 29, 31 y 31 enero 2026 en el Teatro UC. Sala Eugenio Ditborn, a las 20 horas.
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