Por José Luis Arredondo.
La obra del noruego Henrik Ibsen rompe la barrera del tiempo en virtud de la aguda adaptación de Amy Herzog y una puesta en escena apuntalada por el alto nivel de las actuaciones. La dirección de Pablo Halpern logra una interesante tensión al confrontar un texto renovado con una ambientación de época.
Si hoy una mujer deja de un día para otro su hogar y familia, sobre todo en un ambiente burgués, es un hecho que a lo menos no deja indiferente a nadie, y por el cual no pocos se escandalizan, imagínense cómo podía ser esta situación a finales del siglo XIX.
Al abordar este tema en 1879, esta obra emblemática del teatro causó un revuelo que ha hecho historia desde su estreno y no pierde vigencia gracias a lo atemporal del conflicto y la profundidad sicológica de sus personajes.
Habitualmente se habla de “Casa de Muñecas” como una obra feminista, y si bien el elemento crítico al patriarcado está presente, es mucho más que eso.
Ibsen pone en cuestión temas universales y candentes como las relaciones de poder al interior del matrimonio, el desafío o apego a las convenciones sociales, la igualdad de género y cómo calza esto dentro de la conciencia de la protagonista de su rol más allá de madre y esposa, la independencia y realización a la que aspira de forma natural un ser humano, y finalmente, cómo otorgamos autenticidad a la forma de relacionarnos los unos con los otros.
Argumento de «Casa de muñecas»
En apariencia, Nora Elmer lo tiene todo. Una gran casa, tres hijos y un marido que la adora y la consiente, pero no todo lo que brilla es oro, porque ella carga con un hecho pasado del que no ha podido librarse y la amenaza cual espada de Damocles.
Ahora el dueño de casa, Torvaldo, está a punto de ser ascendido a un puesto de máxima importancia en el banco donde trabaja, y este hecho del pasado detonará un conflicto que pondrá en jaque a toda la familia y su círculo más cercano.
Meritoria adaptación
Este montaje en Teatro Zoco de La Dehesa cuenta con la notable y reconocida adaptación de la dramaturga norteamericana Amy Herzog, nacida en 1979 en New Jersey, que tiene la virtud de entrar en la médula de la obra y acercarla a nuestra época.
No es una adaptación meramente formal, en la que se actualizan algunas palabras o frases y giros idiomáticos, o se eliminan reiteraciones. Amy Herzog captura la enorme tensión del conflicto en su médula, y le da una resonancia que hace aparecer a la obra como si hubiera sido escrita en este siglo XXI . Esta adaptación renueva la violencia sicológica del texto de Ibsen y remarca la potente configuración de los personajes, que a no ser por su vestuario decimonónico, podrían pasar perfectamente por nuestros vecinos.
Acertada dirección
La dirección de Pablo Halpern instala la pieza en su época original, lo que, confrontada con la adaptación de Amy Herzog, articula una interesante tensión, que hace que la obra rompa la barrera del tiempo y difumine la línea temporal que la separa de nuestro presente.
Actuaciones al tope

Pero nada de lo anterior cuajaría como debe ser sin un grupo de actuaciones al mejor nivel. Porque Ibsen no perdona si el intérprete no capta y no entra a fondo en la sicología del rol.
Son personajes que llevan en sí las virtudes, defectos, dudas, certezas, contradicciones y fortalezas propias de la condición humana, y si alguna de ellas falta, el todo se viene abajo. Cada carácter es un universo propio y a la vez la pieza de un todo en relación con el otro, en una dialéctica que necesita ser agudamente evidenciada para que el conflicto entre en resolución, (lo que se denominó en el caso Ibseniano como teatro de tesis).
Daniela Castillo construye una Nora tensa y angustiada bajo una aparente calma. Hay aquí un bien logrado trabajo interno que evidencia la inquietud que provoca en ella el futuro en tanto no resuelva el problema que la oprime. A medida que avanza la obra, Castillo deja aflorar la desesperación de Nora hasta que estalla (la escena de la Tarantella) antes del final, en que vemos aflorar toda su fortaleza y determinación cuando decide su destino.
Emilio Edwards como Torvaldo trasunta muy bien la dureza del rol, pero sin caer en el estereotipo. Elmer es un hijo de su tiempo, machista y condescendiente, un claro ejemplo del patriarcado dominante. Edwards filtra muy bien las preocupaciones por las formas y las apariencias del personaje y su escena final con Nora resulta notable por la desesperación y emoción que deja ver.
Cristina, la mejor amiga y aquí confidente de Nora, es una mujer viuda solitaria y resignada, dueña de una gran fortaleza interior y un sentido de lo correcto a toda prueba. Nathalia Aragonese cala muy bien estos aspectos y reviste el rol de una dignidad y sobriedad que sobresalen.
El Doctor Rank, un gran amigo de los Elmer, a poco andar la obra sabe que su tiempo se acaba. Tiene dos opciones, la conmiseración y papel de víctima ante sí, o dar cabida a su lado más fuerte y enfrentar la muerte en forma directa. Manuel Peña va por lo segundo, e impregna su Rank de un humor ácido, irónico y socarrón, del que se desprende una humanidad que palpita fuerte de principio a fin. Un trabajo redondo en todas las aristas del papel.
Krogstad es un ser duro, desagradable y hasta despiadado. Pero bajo esas apariencias hay un hombre desesperado ante una próxima cesantía. Moisés Angulo trasunta muy bien el conflicto que lo atormenta, y luego de una primera impresión chocante, permite que uno empatice con este empleado bancario. En las obras de Ibsen no hay buenos ni malos, lo que hay son seres humanos, y Moisés Angulo configura un Krogstad humano en toda la extensión del término. Es un desempeño que sabe combinar muy bien la oscura energía inicial del rol con la luz que asoma hacia el final.
Completa el elenco una sólida Mónica Illanes como la sirvienta del hogar. Demostrando que en la dramaturgia de Ibsen no hay papeles pequeños, Illanes saca brillo a su rol y lo equipara al nivel total de las actuaciones.
Depurada estética general
El director Pablo Halpern opta por una ambientación de época, y selecciona bien los elementos más representativos, la escena en general luce despojada y cada objeto tiene un sentido y un uso específico y determinado. No hay “decoración” propiamente tal, sino un conjunto de enseres que dan contexto y soporte a la acción.
El vestuario sintetiza y depura en líneas generales la moda finales siglo XIX y tanto la iluminación como el dispositivo sonoro resultan acertadamente teatrales en su acepción más apegada a lo expresivo y creador de atmósfera.
Punto alto de esta temporada teatral
Esta producción de “Casa de Muñecas” despliega toda la calidad y vigencia de una obra que no envejece, gracias a una formidable adaptación y a una puesta en escena que resulta cautivadora por la calidad de sus componentes. Sin duda y por lejos uno de los mejores estrenos de este temporada teatral.
Dramaturgia: Henrik Ibsen. Adaptación: Amy Herzog. Traducción: Pablo Schwarz. Dirección: Pablo Halpern.
Escenografía e iluminación: Manuel Morgado. Vestuario: Elizabeth Pérez. Música y universo sonoro: Alejandro Miranda. Fotografía: Daniel Corvillón.
Teatro Zoco. Av. La Dehesa 1500, Lo Barnechea, Región Metropolitana. Funciones hasta el 15 de junio. De jueves a sábado a las 20 horas y domingo 19 horas. Recomendada para mayores de 14 años.
Entradas en Punto Ticket https://www.puntoticket.com/evento/casa-de-munecas-teatro-zoco-may-2025
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