Memorable debut tuvo la directora Barbara Dragan con la batuta de la Sinfónica

por @cristiancristino

Con un programa que transitó sin problemas desde Rossini a César Franck, la orquesta y el chelista Celso López brillaron a muy alto nivel.

El concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile bajo la batuta de la directora invitada Barbara Dragan destacó por un recorrido vigoroso y expresivo a través de emblemáticas piezas del Romanticismo europeo.

Desde los primeros acordes de la conocida obertura de la ópera «La gazza ladra» (La urraca ladrona), de G. Rossini, Dragan mostró en el Teatro de la Universidad de Chile un gesto enérgico, que imprimió al sonido de la orquesta una calidad imponente, poderosa, y nunca forzada.

El manejo experto de los distintos motivos musicales otorgó a esta obertura una unidad sonora cautivante, con matices dinámicos que hicieron vibrar a la audiencia. Fue, sin duda, una interpretación excitante y llena de vida de una pieza popularizada por películas del calibre de «La naranja mecánica», de Stanley Kubrick.

Conmovedora interpretación

A continuación, el Concierto para Violonchelo en la menor, op. 129, de Robert Schumann, tuvo como protagonista a Celso López como solista, quien entrega una interpretación profunda en su expresividad y delicada en su fluidez.

López resalta especialmente la sedosidad del legato y subrayó el aspecto íntimo y emocional de la obra, evitando efectismos virtuosos. El diálogo entre solista y directora es fluido y equilibrado, y destaca la calidad lírica y conmovedora de la composición.

La ejecución de López expresa el dolor contenido en la música, sin caer en sentimentalismos, explorando con sensibilidad el drama personal que padecía el compositor.


La directora alemana Barbara Dragan y el violonchelista chileno Celso López.

Sonido solemne y poderoso

Cerró el programa de forma memorable la Sinfonía en Re menor del compositor César Franck (1822-1890), cuya ejecución a cargo de la Orquesta Sinfónica bajo la batuta de Barbara Dragan resultó memorable y se intensificó hasta conseguir un triunfal clímax.

En el primer movimiento, Dragan extrajo de la orquesta un sonido solemne, sombrío, claro y poderoso, de una calidad sonora comparable a una grabación de estudio. El impacto emocional fue tal que, al finalizar, el público quedó en un silencio absoluto, como si nadie se atreviera a romper la magia del momento.

El segundo movimiento, marcado por el exquisito pizzicato de las cuerdas, presenta de manera extraordinaria la célebre y melancólica melodía del corno inglés, acompañada por el arpa y las cuerdas. La directora alemana maneja con técnica y habilidad las interrupciones contrastantes, desde los tríos hasta las animadas secciones scherzantes.

El tercer movimiento destacó por el gesto fuerte, rígido y casi geométrico de Dragan, que llevaba a la orquesta a límites expresivos que parecían bordear un colapso, pero sin perder jamás el control. El resultado fue un sonido grandioso y victorioso, que culminó de manera brillante un concierto excepcional.

Barbara Dragan y el solista Celso López dejaron una huella profunda en el público que asistió a este concierto en el Teatro de la Universidad de Chile, en una velada musical donde la energía, la técnica y la emoción se conjugaron en virtuosa excelencia.


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