Por José Luis Arredondo.
Dirigida por Walter Salles, con 3 nominaciones al Oscar y una formidable actuación protagónica de Fernanda Torres, esta emocionante película ambientada en la década de 1970 nos sumerge en los oscuros años de la dictadura militar que asoló Brasil.
Entre las décadas de 1960 y 1980, numerosos países de América Latina estuvieron regidos por dictaduras militares, que dejaron un triste legado de muerte, exilio y sobrevivientes que sufrieron prisión, tortura y destierro.
Entre las prácticas más siniestras se encontraba la desaparición forzada de detenidos políticos. Una persona era capturada por organismos de seguridad no identificados, se le llevaba a un centro de tortura donde era interrogada, vejada y asesinada, y su cuerpo era sepultado de forma clandestina o era arrojado al mar, para evitar todo registro.
Los gobiernos militares nunca confirmaban la detención ni muerte de estas personas, y la familia esperaba por décadas para, eventualmente, recibir los restos de su pariente, en una situación de incertidumbre que las sumía en un duelo sin fin y sin tener certeza de qué ocurrió realmente.
Historia real
Rubens Beyrodt Paiva (1929-1971), fue un ingeniero civil y diputado brasileño que se opuso a la dictadura militar que se instauró en su país en 1964.
Tras el golpe de Estado de ese año, Rubens Paiva abandonó el país para luego retornar y dedicarse a su profesión, aunque siempre mantuvo contacto con exiliados y sectores de oposición. Este apoyo a la resistencia finalmente le costó la vida, luego de ser llevado a un cuartel militar en enero de 1971, donde fue torturado y asesinado.
Su cuerpo fue enterrado y desenterrado varías veces, según se supo años después, para ser finalmente arrojado al mar. Es una dolorosa historia que resuena muy cercana a para los chilenos.
Cine testimonial de calidad
La película “Aún estoy aquí” (Ainda estou aqui), de Walter Salles, narra la historia de cómo la viuda de Rubens, Eunice Paiva (interpretada por Fernanda Torres), afronta junto a sus cinco hijos la detención y desaparición de su marido.

Salles elude todo tono melodramático o efectista, y se centra en la gran entereza y fuerza interior con que Eunice, su grupo familiar y entorno inmediato, sobrellevan la desaparición de su esposo y padre.
El horror y el espanto de la situación brotan de un virtual “fuera de campo” o de algún elemento que evidencia la opresión reinante, como un helicóptero que sobrevuela la playa de Ipanema, un camión militar que cruza una calle, un auto que vigila a la familia frente a su casa.
A pesar de todo la vida sigue, y Eunice debe reinventarse para no sucumbir, educar a sus hijos y persistir en la búsqueda del paradero de su esposo. Pasan los años, Eunice se titula de abogada y la familia cambia su lugar de residencia de Río de Janeiro, donde vivían al lado de la playa, a São Paulo.
La vida transcurre y la búsqueda persiste, firme y constante, mientras la atmósfera pesada del clima político reinante se siente en cada escena como una garra que aprieta. Pero Eunice no afloja, en un ejemplar testimonio de fortaleza, incluso cuando ya mayor (encarnada en ese momento por Fernanda Montenegro, madre de Fernanda Torres en la vida real), mira a la cámara y parece decirnos que el horror no logró quebrarla, que aún está aquí.
“Aún estoy aquí” centra, en gran parte, su poder dramático en la actuación de Fernanda Torres en el rol de Eunice. Es un trabajo que por su calidad y hondura expresiva conmueve al espectador. Su labor es el centro de la cinta, si bien todo el elenco se pone a su altura para entregar una unidad de alta calidad actoral, que evidencia la excelente dirección de actores lograda por Walter Salles.
Una película necesaria
«Aún estoy aquí», nominada a tres premios Oscar, es una película de “puertas adentro”, íntima y a la vez épica, en la que a través de una historia en particular, conectamos con el horror vivido por miles de familias que sufrieron calvarios similares bajo dictadura en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile.
En este sentido, el filme de Walter Salles (que antes realizó «Estación Central de Brasil» y «Diarios de motocicleta») adquiere un alcance continental, identitario de una historia común, sombría y trágica. que hoy, en muchos países del continente, amenaza con volver a cubrirnos de temores e incredulidad a costa de la fragilidad de la memoria colectiva.
“Aún estoy aquí” es una gran y necesaria cinta, por la calidad del guión, que filtra con agudeza todo el horror de esa época; por su ambientación y dirección de arte, que pone en evidencia todos los elementos característicos del periodo recreado; y sobre todo por el gran nivel de las actuaciones, partiendo por la de su protagonista, que con mucha fuerza expresiva y economía de recursos emociona en cada escena.

Es una película destinada a convertirse en un referente del cine latinoamericano, como “La historia oficial” (1984), del argentino Luis Puenzo, y que bien puede darle al cine brasileño el primer Oscar a Mejor Película Internacional de su centenaria historia.
“Aún estoy aquí” (Ainda Estou Aqui). Dirección: Walter Salles. Guión: Murilo Hauser y Heitor Lorega, a partir del libro “Aún estoy aquí”, de Marcelo Rubens (hijo de Eunice y Rubens Paiva). Fotografía: Adrián Teijido. Música: Warren Ellis. Edición: Alfonso Gonçalves. Dirección de Arte: Paloma Buquer.
Elenco: Fernanda Torres, Fernanda Montenegro, Selton Mello, Valentina Herzsage, María Manoella, Bárbara Luz, Gabriela Carneiro da Cunha, Luiza Kosovski, Marjorie Estiano, Ghilherme Silveira, Antonio Saboia.
Duración: 135 minutos.
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