Por José Luis Arredondo.
No fue un gran aplauso… Fue una atronadora ovación la que coronó el sexto concierto de la Temporada en el Teatro Municipal de Santiago. La batuta de Paolo Bortolameolli y una Filarmónica en estado de gracia lograron total comunión con una sala colmada, que vibró y se emocionó ante la calidad de la entrega.
Wagner místico y romántico
Sutil, delicado y a la vez doloroso y explosivo se despliega el preludio del primer acto de la ópera “Lohengrin”, de Richard Wagner.
Los acordes anuncian la llegada del ‘Caballero del cisne’, enviado por Dios en auxilio de Elsa de Brabante, a quien se pretende arrebatar el trono por malas artes de magia negra.
En la ópera, Lohengrin abandonará el castillo de Montsalvat, donde se custodia el Santo Grial, e intentará salvar a Elsa, a su hermano y al reino, de las oscuras intrigas de la bruja Ortrud y su pusilánime y traicionero esposo Telrramund.
En el sexto concierto de la Temporada 2024 del Teatro Municipal de Santiago, el director Paolo Bortolameolli y la orquesta supieron desplegar todo el rico tránsito de esta pieza, desde las sutiles y agudas cuerdas del inicio, hasta la virtual explosión orquestal del centro para luego retornar, hacia el final, a la misma intimidad del comienzo.
Es un preludio de mística belleza, que refleja muy bien la llegada de un ser divino a restaurar un orden alterado.
Wagner compuso el preludio tras haber concluido la ópera, en 1850. Es por esto que éste refleja y sintetiza tan acertadamente la evolución y el tránsito del personaje, que desciende desde una dimensión surreal hasta nuestro mundo, para luego volver a su condición celestial. Es un círculo virtuoso que trasunta una clara sensación de éxtasis que impregnó la sala santiaguina. Se trató de un inicio luminoso.
Con Mozart en Praga
La Sinfonía 38 en Re mayor de W. A. Mozart es conocida como Sinfonía «Praga», si bien no se ha establecido un motivo cierto y comprobado para el nombre, salvo que se estrenó en esa ciudad hacia 1787.
Lo importante es constatar que aquí ya el genio de Salzburgo (de 31 años en ese entonces), instala una forma sinfónica que será un verdadero legado a la historia de la música.
La obra consta de 3 movimientos y lo primero que llama la atención es la gran orquestación que exhibe, lejana a ese sonido “camerístico” que a menudo asociamos a Mozart.
La «Praga» es una sinfonía grande, amplia, por momentos hasta densa, que nos provoca cierto vértigo por su imparable ritmo.
Aquí nuevamente la Orquesta Filarmónica del Municipal de Santiago, bajo la conducción de Bortolameolli, lució un fiato monumental entre cada grupo de instrumentos.
La sensación fue de un mar sonoro de inacabable flujo. Cuerdas, vientos, percusión, construyeron un corpus sin fisuras, rico, intenso, vertiginoso. Su interpretación fue una nota exultante que puso fin a la primera parte del programa de este concierto, e impregnó el teatro de una cargada energía que se hizo patente en la audiencia.
Beethoven en la cima de su esplendor

Tras un intermedio que sirvió para degustar lo recién escuchado, entramos al broche de oro del concierto.
Ya el conductor, tras el preludio de “Lohengrin”, había esbozado las intenciones del programa, al señalar que las obras, luego de un inicio más bien calmo, se desplegaban hacia melodías más exultantes y de un ritmo intenso, que puede llegar a lo apoteósico.
Ejemplo cabal de esto resulta la formidable Séptima Sinfonía de Beethoven, estrenada en Viena en 1813 bajo la conducción de un ya casi completamente sordo compositor.
La Séptima Sinfonía de Beethoven permitió aquilatar una vez más la absoluta compenetración que logra Paolo Bortolameolli con la Filarmónica, verdadero maridaje musical que lo inunda todo con electrizante fuerza.
Esta es una pieza arrolladora, que por momentos propone violentos contrastes, marcados por instantes de una solemne marcialidad casi grave (como el popular segundo movimiento), y otros de un marcado dinamismo y frenesí. Esta combinación, que se va tensando a medida que avanza la obra, hace que el pública la siga con viva atención.
La interpretación hizo posible el lucimiento total, una vez más, para la preponderante percusión, apoyada en las omnipresentes cuerdas y vientos.
Fue un cierre a la altura de un concierto que, por la suma de sus partes (elección de compositores y repertorio, ejecución artística, compromiso y llegada con la audiencia), podemos calificar de antológico en el marco de la actual temporada.
Sexto concierto temporada 2024 del Teatro Municipal de Santiago. 28 y 29 de junio de 2024.
Crédito fotos: Patricio Cortés.
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