Por José Luis Arredondo.

Josef Stalin (1878 – 1953), artífice de la Unión Soviética como potencia industrial, militar e ideológica, y personaje histórico controversial como pocos, supo mantener el poder político absoluto desde 1924 y hasta su muerte a punta de asesinatos, deportaciones, exilios, férreo control policial de la población y un verdadero régimen de terror.

Abordar una figura de este tamaño histórico es tarea compleja y no menor, y más aún si la opción narrativa va por el camino de la sátira, el humor, la caricatura y lo bizarro, elementos que tienen a su favor la capacidad de abstracción y análisis. Por eso es todo un logro la cinta del director escocés Armando Ianucci “La muerte de Stalin” (2017), una excelente coproducción franco-británica recientemente estrenada en Netflix.

En esta película, Ianucci articula, con ácido y negro humor, la repentina muerte del dictador, quien cae fulminado por una hemorragia cerebral una noche luego de haber leído un anónimo que le enrostraba sus crímenes. En torno a este episodio, y los sucesos posteriores, convergen una galería de personajes, tomados de la realidad, que dan curso a una brutal e hilarante comedia de enredos, equívocos e intrigas, en medio de sus intentos por dar gobernabilidad a la URSS y, supuestamente, continuidad a las políticas y legado del fallecido.

Mientras se organizan los apoteósicos funerales, el círculo de hierro que rodeaba a Stalin inicia una brutal lucha intestina por hacerse del poder y, de paso, batalla por evitar ser el objeto de una purga. Es una pugna que el director retrata en clave de humor bizarro y por momentos esperpéntico, incluso permitiéndose algún gag, pero que astutamente deja filtrar de manera muy clara, precisa y aguda, la crítica política reflejada en el régimen de terror que imperaba bajo el gobierno de Stalin, en el cual ni siquiera sus colaboradores más cercanos tenían la vida asegurada.

“La muerte de Stalin” es una aguda sátira y una muy buena aproximación, desde el humor político e inteligente, a un violento periodo histórico del siglo XX. Los personajes están tratados desde la caricatura, pero hábilmente actuados por un elenco muy sólido y solvente, de modo de no despojar los caracteres de la necesaria humanidad.

La puesta en escena brilla por su dirección de arte y ambientación, la recreación de época no escatima calidad y la historia fluye con aguda claridad política, gracias a un guion que no pierde el norte de ser una cinta absolutamente crítica de ese periodo. Es usta película en claro ejemplo de cómo el humor sigue siendo una de las más filosas herramientas para diseccionar la historia y retratar un personaje siniestro mediante uno de los mejores recursos que tiene el distanciamiento, ese que tan bien nos permite reflexionar: La risa.

“La muerte de Stalin” (2017), de Armando Ianucci, basada en la novela gráfica de Robin y Nury. Elenco: Steve Buscemi, Simon Russell, Paddy Considine, Rupert Friend, Jason Isaacs, Michael Palin, Andrea Riseborough y Jeffrey Tambor.

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