Por José Luis Arredondo.

La oferta de animé crece sostenidamente en Netflix, y a estas alturas tal oferta se ha transformado en un verdadero festín cinéfilo para las y los fanáticos del género abonados a esa plataforma de streaming. En especial porque la cantidad de títulos disponibles abarca una amplia variedad que llena el gusto más exigente.

Dentro de lo que se puede encontrar brilla con luz propia una hermosa película del Studio Colorido llamada “Amor de gata” (2020), dirigida por Junichi Sato y Tomotaka Shibayama.

Se trata de una romántica historia de amor adolescente que se despliega con belleza y fantasía, para contar los esfuerzos de una inquieta y vivaz joven por conquistar a un enigmático y retraído compañero de curso.

Miyo (Muge) Sasaki, se siente totalmente atraída por la enigmática personalidad de Kento Hinode, y aunque ambos comparten el mismo curso, prácticamente casi no hay contacto entre ellos, sobre todo porque de alguna forma el joven elude las avasalladoras aproximaciones de la muchacha, quien se desvive, con escasa sutileza, por llamar su atención.

La situación no parece tener salida hasta que una noche, el azar y la magia van en ayuda de Miyo, cuando tras asistir a un festival tradicional se topa con un gato vendedor de máscaras felinas, que le ofrece una. Muge se la pone y en un segundo se ve transformada en una tierna gata blanca de azules ojos.

Es bajo esta forma, que adquiere mientras lleva puesta la máscara, que logra acercarse a Kento, quien la adopta y lleva a su casa, lugar donde Miyo entra en íntimo contacto con la personalidad del joven y su familia. Este contacto acrecienta su pasión, aunque conlleva un problema serio, ya que mientras más tiempo pasa bajo la forma de gata (bautizada como Taro), más se dificulta su vuelta a la condición humana, lo que puede a la larga frustrar sus planes de que Kento la ame por ella misma y no por el cariño que le despierta el felino.

“Amor de Gata” resulta cautivante por su belleza estética y gran vuelo fantástico. Es una historia de amor que crece a medida que avanza la narración y se abre a múltiples consideraciones de carácter humanista. Ambas familias, la de Miyo y Kento, ofrecen un rico abanico de caracteres y conflictos que reflejan distintos modos de vida. Hay encuentros y desencuentros que dan cuenta de la tensión de la vida de los adultos en conflicto con los adolescentes. También se filtran las contradicciones de una sociedad (la japonesa) que convive lo mejor que puede, entre las antiguas y arraigadas tradiciones con la vertiginosa y cambiante modernidad.

El elemento fantástico está notablemente instalado e internalizado dentro de la historia, y la fantasía se cuela por cada poro de la narración; sin duda la fuerte impronta de los Estudios Ghibli se deja notar abiertamente. A medida que avanzan las aventuras gatunas de Muge, y más se distancian sus momentos como humana, lo fantástico se apropia de la joven, quien “arrastra” a Kento al universo felino para que la ayude a retomar su apariencia humana y así poder estar juntos, bajo la misma forma, el resto de sus vidas.

Cautivante resulta el trabajo técnico de animación, con imágenes que combinan ambientes esfumados y luminosos dentro de paisajes hiperrealistas. Así, la utilización de la luz resulta uno de los mayores atractivos de la cinta.

“Amor de gata” es una película que conmueve. El contacto que logra establecer Kento con Miyo, cuando ella está bajo la forma felina, es muy íntimo y emotivo. A la vez el trabajo de expresión de Muge y sus azules miradas al joven dejan ver claramente que bajo esa apariencia animal hay una muchacha profundamente enamorada.

Es, en resumen, una hermosa historia, que vuela en alas de una rica fantasía, al mismo tiempo que refleja en todos sus ribetes los conflictos de la vida adolescente y adulta puestas en diaria convivencia.

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