Por José Luis Arredondo.

El Réquiem de Mozart es imbatible, siempre vuelve a cautivar con su lacerante belleza sea cual sea la versión que escuchemos.

En este caso y ante una sala llena de atento público, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, junto al Coro Sinfónico y cuatro destacados solistas, todos bajo la conducción del maestro sueco Ola Rudner, volvieron a hacernos emocionar con esta gran obra religiosa, tan rodeada de mito y leyenda.

Mito y leyenda porque a partir de la obra teatral de Peter Schaffer «Amadeus», y su consiguiente versión cinematográfica dirigida por Milos Forman, es común creer que su composición fue un encargo del músico Antonio Salieri a Mozart con el objeto de causar su muerte, presionándolo hasta el límite para causar su muerte.

Cuando en realidad se trató del anónimo encargo de un noble que pretendía firmar como propia la obra para honrar a su recién difunta esposa, ofreciendo un concierto con esta misa solemmis (misa compuesta para una determinada ocasión).

El hecho es que fruto de este encargo, que Mozart alcanzó a cumplir solo hasta la mitad (la conclusión corrió por cuenta de su discípulo Franz Süssmayr) antes de morir, hoy disfrutamos de uno de los Réquiem más populares y difundidos de la historia de la música.

La versión que entregó La Sinfónica junto al Coro y los solistas caminó más acorde al sentido solemne y sobrio de la obra que a su dramatismo intrínseco. La conducción de Rudner apuntó a lo místico y trágico pero de forma contenida, sin efectismos ni lecturas apartadas de una expresiva pero sobria contención.

En esto fueron clave los solistas, imbuidos tanto de la naturaleza de una misa como de la lectura de Rudner. Sus voces además se complementaron con gran química en esa atmósfera de sobriedad y recogimiento propuesta.

Brilló notoriamente el Coro, que aquí lleva la mayor parte de las intervenciones, siendo su labor la base sobre la que se levantó y articuló la parte vocal del todo.

Saldo totalmente positivo una vez más gracias a la experiencia de la orquesta, que junto al Coro y destacados solistas se entregaron totalmente a la propuesta de esta versión.

Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, Coro Sinfónico, Andrea Aguilar (soprano), Marisol Hernández (mezzosoprano), Francisco Huerta (tenor) y Sergio Gallardo (bajo-barítono). Ola Rudner (conductor).

12, 13, 17 y 18 de abril en el Teatro Universidad de Chile.

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