Por @cristiancristino
La compañía estrenó una atractiva propuesta para esta melancólica obra de Franz Schubert, una adaptación escénica multimedia dirigida por Ignacio Ramírez y bajo la batuta de Miguel Ángel Castro, con una notable interpretación de Kevin Mansilla.
«El viaje de invierno» (Winterreise, en su título alemán), es un ciclo de 24 lieder (canciones) compuesto por Franz Schubert en 1827 sobre poemas de Wilhelm Müller. La obra narra el recorrido emocional de un protagonista solitario, que camina a través de paisajes invernales que reflejan su desamor, pérdida y alienación.
Escrita originalmente para voz y piano, «El viaje de inverno» destaca por su atmósfera melancólica y su complejidad expresiva.
Creada en el último periodo de vida Schubert (fallecido a los 31 años, en 1828), este ciclo de canciones refleja su propio sufrimiento y se ha convertido en uno de los emblemas del Romanticismo musical. La obra ha influido en numerosas generaciones de compositores y conserva su vigencia como una profunda exploración de la condición humana.
Originalmente concebida para tenor, «El viaje de invierno» ha sido adaptada para otras voces, con interpretaciones icónicas de artistas como Hans Hotter, Dietrich Fischer-Dieskau, Christa Ludwig, Brigitte Fassbaender y, más recientemente, Ian Bostridge.
La versión presentada en la sala de exposiciones 1 del Centro Cultural Ceina ofrece una experiencia inmersiva que reimagina el clásico ciclo de canciones de Schubert en clave contemporánea.
Puesta en escena multimedia
Bajo la dirección teatral de Ignacio Ramírez, la obra se convierte en un drama psicológico, donde el público es testigo del tormento emocional del protagonista, encarnado con gran solvencia por Kevin Mansilla.
Esta versión explora, además, la dimensión simbólica del viaje en relación con la salud mental, y busca conectar con audiencias nuevas al abordar problemas actuales de manera sensible y accesible.
La puesta en escena es minimalista y está apoyada por elementos multimedia, y subraya el “invierno interior” que articula la obra, intensificando la sensación de desolación y melancolía. Si bien la propuesta escénica por momentos parece atrapada en sus propias convenciones, consigue finalmente un equilibrio emocional poderoso, para trazar un recorrido claro y atractivo.
El diseño escénico apuesta por una frialdad aséptica que resuena con la atmósfera de la partitura, y genera una experiencia de profunda emotividad.

En el plano musical, destaca el arreglo de Richard Krug, que reemplaza el piano original por un ensamble de cuerdas.
Esta decisión aporta nuevas texturas sonoras, vuelve más intensa la sensación de soledad y amplía el rango expresivo del ciclo, con momentos de gran lirismo que contrastan con otros de austera desolación.
Miguel Ángel Castro, a cargo de la dirección musical, mantiene un delicado equilibrio entre las cuerdas y la voz, lo que permite que cada canción encuentre su propio espacio emocional sin perder coherencia.
Destacada interpretación
El bajo-barítono Kevin Mansilla, con su voz profunda y matizada, transmite de manera conmovedora las emociones contradictorias que siente el protagonista.
A lo largo de la serie de lieders, Mansilla captura con sutileza la transformación interna del caminante, y conecta de manera íntima con el público presente. Su actuación es una combinación de técnica sólida y entrega emocional, a través de la que consigue dar vida al personaje con notable autenticidad.
Uno de los aspectos más innovadores de la propuesta es la incorporación de tecnología a través de una aplicación que permite seguir en tiempo real la traducción de las canciones, escritas en alemán.
Aunque este recurso no resuta del todo cómodo para un público mayormente ubicado de manera estática, la idea es interesante y cercana a experiencias site-specific como «Remote Santiago» (2015) y «Paranoia» (2018).
Sería deseable que en futuras presentaciones la producción pudiera ajustar este recurso, ya que permitiría mejor aprovechamiento de su potencial en diferentes contextos y formatos.
Estrenada estratégicamente el 25 de octubre, Día Internacional de la Ópera, «El viaje de invierno» de Lírica Disidente marca un nuevo hito en el panorama lírico nacional.
Esta agrupación chilena, que ha crecido notoriamente en poco tiempo, ya ha dejado su huella con una nueva producción de la ópera «El barbero de Sevilla», de Rossini, y su adaptación de «Bastián y Bastiana», de Mozart, y se prepara para ofrecer en diciembre una versión de «Dido y Eneas», del músico inglés Henry Purcell, en coproducción con el Teatro Bío-Bío de Concepción.
Con propuestas innovadoras como «El viaje de invierno», Lírica Disidente se consolida como un referente en la renovación de la escena de la ópera en Chile.
«El viaje de invierno», en versión de Lírica Disidente
Dirección Escénica: Ignacio Ramírez. Dirección Musical: Miguel Ángel Castro. Producción General: Nicolás Vásquez. Caminante: Kevin Mansilla.
Ensamble de Lírica Disidente: Violín I: Tomás Ruz. Violín II: Katherin Olguín. Viola: Alejandro Lazcano. Violoncello: Anaís Prieto. Contrabajo: César Villagra
Desarrollo Tecnológico por Trimex Collective. Duración: 75 minutos.
Asesoría Psicológica por Acompasar. Consultora de comunicación compasiva en cáncer y fin de vida.
Estrenada el 25 de octubre en la Sala Expo 1, del Centro Cultural Ceina, ubicado en calle Arturo Prat 33, Santiago de Chile.
Más información en: www.liricadisidente.cl
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