Por Cristian Cristino.
Gran noche en el Municipal para el director y el pianista junto a la Orquesta Filarmónica, en un programa con obras de Brahms y Richard Strauss que consigue una increíble unidad musical.
Los conciertos sinfónicos tienden a menudo a buscar cierta coherencia en sus programas. Y con ese fin agrupan a veces obras que provienen de muy diversos orígenes.
Y esta coherencia fue la que se consiguió el viernes 26 y sábado 27 de abril en esta nueva fecha de la Temporada de Conciertos del Teatro Municipal de Santiago.
Es evidente que solo un conjunto artístico del nivel de los integrantes de la Orquesta Filarmónica de Santiago es capaz de responder a este desafío de manera exitosa. Y sin duda que en esta oportunidad, el excelente trabajo del director residente Pedro-Pablo Prudencio, en su primera actuación en la Temporada 2024 de conciertos sinfónicos, fue decisivo en tanto artífice de la cautivadora experiencia musical que inició con Brahms y concluyó con Richard Strauss.
Gustavo Miranda deslumbra con Brahms
El Concierto para Piano N°1 en Re menor, op.15 de Johannes Brahms tuvo originalmente su estreno en 1859 y es la primera gran creación orquestal del compositor alemán.
En sus inicios, el proyecto de Brahms era una sonata para dos pianos, luego una sinfonía, hasta que terminó convirtiéndose en la obra que hoy conocemos.
El elegido esta vez para interpretar este concierto en el Municipal fue el joven pianista Gustavo Miranda, quien en diciembre del año pasado estrenó ante una gran audiencia la relevante pieza «The People United Will Never Be Defeated!» de Frederic Rzewski, demostrando gran versatilidad.
La forma que tiene Miranda de encarar esta obra de Brahms se caracteriza por la contundencia y la precisión.
El arranque vigoroso del primer movimiento da paso a una especie de obstinación tranquila, como si la melodía fuese un secreto que se revela de a poco.
En el tercer movimiento llega el virtuosismo pirotécnico del cierre, para que lleva a que el público salude con ovaciones calurosas su gran presentación.
La labor del director Pedro Pablo Prudencio merece ser destacada ya que, junto a los músicos de la orquesta, logra generar un dispositivo sonoro orgánico en el que el foco de atención se centra —como es de esperar— en el piano, pero nunca como una entidad separada, sino como expresión misma del universo orquestal.
Ese es uno de los tantos méritos de la escritura de Brahms, que se confirma por medio de la ejecución que ofrecen los músicos en el Teatro Municipal de Santiago.
Como encore, Gustavo Miranda deleita al público con la conocida canción «My favorite things», de la película «La novicia rebelde», compuesta por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II en el arreglo de Stephen Hough.
Strauss bajo la batuta magistral de Prudencio
La segunda parte del programa está dedicada a Richard Strauss, de quien se ofrece «Una sinfonía Alpina», op.64.
Este es un maravilloso poema sinfónico estrenado por el compositor alemán en 1915, y que es un excelente ejemplo de la llamada música descriptiva o «programática».
Esta sinfonía narra una expedición a través de las montañas alpinas a lo largo de 22 episodios individuales, que se suceden sin interrupción y cuya exuberancia musical recuerda por momentos a otras obras del compositor como «Así habló Zaratustra» y la ópera «Salomé».
Como es de suponer, para honrar las características y demandas de la partitura es imprescindible establecer una especie de “línea ininterrumpida de la acción” musical.
Tal cual ya hemos adelantado, es justamente ese uno de los principales aciertos de la batuta de Pedro Pablo Prudencio al mando de la Orquesta Filarmónica, tanto en el comienzo, en el que la sonoridad alcanza lentamente su punto de ebullición, como en los momentos más álgidos y efectistas, en los que la intensidad de la melodía es tal que pareciera que estuviese siempre en un estado de clímax.
Esta obra, escrita para ser ejecutada por una enorme orquesta de aproximadamente 125 intérpretes, es una oportunidad para apreciar la ejecución de instrumentos poco comunes como cencerros, y máquinas de viento y de trueno, entre otros, que se integran a este gran lienzo sobre el que se proyecta la aventura en las montañas.
El desempeño de los músicos de la Filarmónica es de un nivel sobresaliente que recibe un merecido aplauso del público al final de la presentación, luego de un silencio que parece eterno, provocado por el carácter casi fúnebre del tramo final de la composición, identificado con el concepto de la noche.
Esta ha sido sin duda una velada de consagración para el pianista Gustavo Miranda (esperamos verlo con mayor frecuencia en nuestros principales escenarios) y en la que se ha podido confirmar la madurez artística del director Pedro Pablo Prudencio, quien junto a los talentosos miembros de la orquesta se muestra particularmente a gusto en este repertorio.
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Hemos acudido a presenciar un concierto de afinidades prodigiosas, por una parte de madurez de Gustavo Miranda a quien hemos seguido su trayectoria desde aquel lejano día que junto a la Orquesta Sinfónica Nacional nos impactara con su interpretación del segundo concierto para piano y orquesta de Brahms, luego con el ciclo de las 32 sonatas de Beethoven en el Centro Cultural de Las Condes, Teatro de Carabineros, Aula Magna de la Usach con ocasión de la obra «El Pueblo Unido Jamás Será Vencido», es que es sencillamente un valioso orgullo chileno, joven con un sonido maravilloso que logra sacar al instrumento, sonido que nos dejó maravillado en el concierto para piano N*1 de Brahms, constatando una vez más su rica técnica.- Luego, en la segunda parte con una obra poco difundida de uno de los más grandes orquestadores de nos ha dado la cultura germana, como lo fué Richard Strauss, un compositor que nos recuerda el inicio de la cinta «2001,Odisea del Espacio» de Kubrick y ese maravilloso poema sinfónico «Muerte y Transfiguración» .- En esta ocasión, la Orquesta Filarmónica llevó a las más altas cumbres de la interpretación, con una concomitancia y entendimiento entre el director Prudencio y la orquesta ¡Felicitaciones!.-