Premiado como Mejor Película, Mejor Guión y Mejor Actor en la última edición del Festival de Cine de Guadalajara, en México, y ganador este fin de semana del Premio al Mejor Largometraje en el Festival de Cine de Valdivia, el segundo filme de la cineasta Claudia Huaquimilla llega a los cines nacionales este jueves 21 de octubre.

Por José Luis Arredondo.

En el poema “Mujer de prisionero”, Gabriela Mistral hace una descripción de lo que es una cárcel. La llama “hoguera de ladrillos”, “dedal ardiendo”, y finalmente agrega los versos: “Panal, cuya cera de infierno más arde más que aceite y resinas, y arde mudo y sin tiempo!”.

Son imágenes que evocan un panorama dantesco, y que en la película “Mis hermanos sueñan despiertos”, de Claudia Huaiquimilla (que debutó en 2016 con la película «Mala Junta»), recrean el mundo que se vive al interior de un centro de reclusión del Sename (Servicio Nacional de Menores).

El inicio de la cinta es muy significativo. Ángel y Franco, dos hermanos recluidos en un centro de detención tras cometer un delito, hablan sobre el futuro que sueñan. Están rodeados de un paisaje de agreste naturaleza, con cerros y árboles, que a la vista corta de forma violenta un inmenso muro de concreto. La naturaleza, el cielo abierto, la cegadora luz del día a pleno sol y el campo son solo una ilusión, algo lejano, pues su lugar está tras ese muro infranqueable, al interior de la prisión, donde llevan una forzada convivencia con otros jóvenes en igual situación, chicos y chicas que ya a su corta edad han sufrido los embates de la marginalidad, el desamparo y la violencia.

Los protagonistas de la película saben que el mundo afuera para ellos no es ni será un jardín de rosas, pero ansían la libertad a cualquier precio y la forma de obtenerla importa poco. Los días transcurren lentos, pesados, asfixiantes, rutinarios, hasta que la opción de un escape toma forma en el grupo.

Claudia Huaiquimilla nos introduce en este mundo como si nos guiara a un círculo del infierno de Dante, un lugar abominable donde van a pagar sus “culpas” los prematuramente derrotados y abandonados por la familia y el sistema. Es un sitio que se supone de tránsito y rehabilitación, pero que en realidad no es ni lo uno ni lo otro; más bien se trata de una extensión de lo que sería “El lugar sin límites”, porque esa es la única realidad palpable y concreta para estos jóvenes, lo demás no existe. O si existe es solo una posibilidad, una quimera, un sueño sumergido en la nebulosa de lo improbable. Un lugar de destino obligado, ya que tarde o temprano volverán a él, porque ni un trabajo estable ni una carrera profesional están al alcance; el sistema no está diseñado para ellos, y la sociedad no los quiere en su seno.

El guión, escrito por la propia directora junto a Pablo Green, centra la historia de forma casi excluyente en el grupo de jóvenes. Las familias (salvo los abuelos de Ángel y Franco) y los amigos fuera de la cárcel no están a la vista, no hay padres ni madres, y si existe una progenitora no los quiere con ella. Este es un grupo humano sumido en la más completa orfandad. Y sobre ellos, la película despliega una mirada cercana, comprometida, sensible, alejada de todo morbo o efectismo, que entra y se involucra con inmensa humanidad con las vidas retratadas. Ya el hecho que el título sea “Mis hermanos…”, habla por sí solo.

La cámara de la directora va de rostro en rostro y cuerpo en cuerpo con delicadeza. Busca y fija su atención en las miradas, los silencios y los gestos. Recoge un mínimo de información y deja que los jóvenes se expresen con total libertad y autenticidad. No hay cifras de delincuencia juvenil, no hay estadísticas de abandono, no hay registros de disfuncionalidad familiar, ni explicaciones sociológicas o sicológicas sobre las y los internos.

“Mis hermanos sueñan despiertos” es el registro desnudo -íntimo y despojado de prejuicios- de hombres y mujeres sin etiquetas, solo seres humanos castigados y maltratados por un destino aciago y una vida que no buscaron, y de la que buscan salir de cualquier forma.

La directora de “Mala junta” articula una cinta que conmueve por su sinceridad, que duele porque refleja una realidad trágica, y lo hace con un mínimo de elementos narrativos, yendo siempre directo al fondo, al alma de las y los jóvenes recluidos, para de ahí extraer, como dice Neruda, “un puñado de verdades esenciales”.

La película es una nueva y destacada exponente de un cine de profunda identidad nacional, maduro, muy bien realizado en todos sus aspectos estéticos, que aborda una realidad con la que convivimos y no vemos, o no queremos ver. Y lo hace con afecto, cariño, amor y una gran compenetración afectiva.

“Mis hermanos sueñan despiertos”. Dirección de Claudia Huaiquimilla. Guión de C. Huaiquimilla y Pablo Green, basado en hechos reales. Producción de Pablo Green y Mariana Tejos. Música de José M. Tobar y Miguel Miranda. Fotografía de Mauro Veloso. Montaje de Andrea Chignoli y María J. Salazar.

Elenco: Iván Cáceres, César Herrera, Paulina García, Claudio Arredondo, Luz Jiménez, Andrew Bargsted, Julia Lübert, Sebastián Ayala, Ariel Mateluna, René Miranda, Belén Herrera.

Estreno en cines el 21 de octubre. Duración 85 minutos.

Deja un comentario