Por José Luis Arredondo.
Con notable desempeño musical, vocal y teatral, esta bella ópera francesa cautiva al público en el Municipal de Santiago, bajo la conducción de Max Valdés y la dirección escénica de Emilio Sagi. Aquí la crítica del Elenco 1.
Werther es un personaje que encarna al ser humano movido por la pasión, el amor y la admiración por la naturaleza. Es un humanista en estado puro, entregado en cuerpo y alma a la contemplación y disfrute de lo bello en todas sus formas.
Esencialmente, Werther es un amante que no se pone límites a la hora de entregarse y vivir bajo los parámetros del Romanticismo más profundo.
Werther es el protagonista de la primera novela del genio alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), en la cual se enamora a primera vista de la hermosa Charlotte. Ella también queda prendada de él aunque está prometida en matrimonio con Albert, ya que su madre, en el lecho de muerte le pidió se casara con él, cosa que Werther ignora totalmente.
Albert vuelve de un viaje y quiere formalizar su compromiso con Charlotte, ignorando que entre ella y Werther ya ha surgido un amor imposible de borrar. Pero ella es una mujer de palabra y le juró a su madre que Albert sería su esposo. En el intertanto Sophie, la hermana menor de Charlotte ha fijado su atención en Werther.
La vida sigue su curso y la distancia y el tiempo no logran que Werther olvide a Charlotte ni deje de estar obsesionado con ella. Llega el invierno, se acerca la Navidad y el reencuentro entre ambos aviva la pasión y el deseo, con funestas consecuencias.
Tormentosa relación de amor
Fue el compositor francés Jules Massenet (1842-1912) quien puso música a las penurias del joven Werther. A cargo del libreto estuvieron Eduard Blau, Paul Milliet y Georges Hartman.
Curiosamente el estreno mundial, en 1892, se produjo con una versión cantada en alemán, en el Teatro Imperial en Viena. Recién al año siguiente (1893) la ópera «Werther» se estrenó en Paris en su idioma original, aunque ya el mismo 1892 se dio a conocer una versión en francés en Ginebra.
Musicalmente, la ópera refleja muy bien el carácter apasionado e impulsivo del protagonista. Reparte bien la importancia de otros roles, como el de Charlotte, Albert y Sophie, quienes aportan a la variedad de caracteres y equilibran las pasiones y sentimientos que afloran en la historia.
La música expresa el dramatismo de la acción y la tormentosa relación de Werther con quienes lo rodean. Es una partitura llena de energía y emoción, que hace suya el ‘Sturm und Drang’ (tormenta e ímpetu, o impulso), característico del movimiento Romántico.
En cuatro actos, el libreto dosificacla acción, sin precipitarse hacia el desenlace. Esto nos permite aquilatar que los sentimientos de Werther y Charlotte no son fruto de un entusiasmo juvenil y pasajero, sino un sentimiento que se acrecienta y afianza en el tiempo.
Y el encuentro final de los infortunados amantes viene a reafirmar tanto el carácter trágico de la obra como la encarnación de los postulados del Romanticismo, que exaltan las pasiones y los sentimientos por sobre la racionalidad y el pragmatismo.
Elenco 1 al tope
No es muy frecuente, y por lo mismo destacable, que un elenco, por igual en todos los papeles, logre un alto nivel expresivo, tanto en lo teatral como en lo musical.
El tenor Sergey Romanovsky da todo lo que uno puede esperar del personaje. Pasión, presencia escénica y gran capacidad expresiva. Su timbre vocal cautiva desde el comienzo por su brillo, y su considerable caudal y volumen hacen resaltar sus virtudes musicales.
La mezzosoprano Shannon Keegan se despliega con facilidad por todas las aristas del papel, desde el inicio, cuando se siente cautivada por Werther, hasta el desgarro final junto a su amado, sin obviar la seriedad con que se toma su matrimonio con Albert y la inquietud que le produce su reencuentro con Werther. Un trabajo escénico redondo e impecable en lo musical.
La soprano chilena Vanessa Rojas confirma su capacidad actoral y excelente manejo de sus dotes musicales.
Su Sophie es el contrapeso perfecto al carácter de Charlotte, desenvuelta, jovial y alegre, que se ilusiona con Werther y ha de afrontar el desengaño. Cuerpo y voz llenan el rol y arrancan buena parte de los más efusivos aplausos.
El barítono Luke Sutliff cautiva por su seguridad y firmeza, pudiendo caer fácilmente en el antihéroe, ennoblece y humaniza al máximo el papel. Un timbre cálido, buen volumen y elegante fraseo hacen de su labor punto alto de la velada y otro acierto más del casting.
Completan el elenco un homogéneo grupo de intérpretes chilenos.
El siempre sólido bajo barítono Sergio Gallardo como el padre de Charlotte, que exhibe una vez más sus dotes actorales y un material vocal que maneja con seguridad, aplomo y expresividad.
El tenor Gonzalo Araya como Schmidt y el bajo Francisco Salgado como Johann, forman una dupla de cómicos beodos con buena química y desplante. Con sus brindis en honor a Baco, son la nota que aminora la carga dramática de la obra y la sitúan en una perspectiva menos sombría de la existencia.
Estupenda puesta
La puesta en escena de «Werther» que presenta el Teatro Municipal de Santiago está a cargo del español Emilio Sagi, y cautiva por su crepuscular belleza.
En el montaje priman los tonos tenues a través de apagados azules, y un ambiente general de sombría quietud, donde la principal fuente de luz proviene del cielo.
Asimismo, se advierte la capacidad de Sagi para conseguir buenas actuaciones a la par de las exigencias vocales, que sobre todo para Werther y Charlotte no son pocas, y ofrece un excelente uso del espacio escénico en lo que a composición espacial se refiere.
Aciertos parejos
Pablo Núñez en el vestuario, Daniel Bianco en la escenografía y Ricardo Castro en la iluminación forman un acertado corpus escénico situado en el siglo XIX.
Una escenografía bastante parca y una apropiada selección de utilería dan con pocos elementos una acertada ambientación de época.
Los diseños están hermanados por su uso de las tonalidades opacas y azules, salvo el característico chaleco amarillo de Werther. Prima acertadamente una atmósfera crepuscular que a medida avanza la acción van acentuando las sombras, hasta el dramático final en la lúgubre habitación de Werther.
Filarmónica y Max Valdés se lucen
Enorme parte en los logros de esta versión corren por cuenta de la Orquesta Filarmónica y la dirección del maestro chileno Max Valdés.
Las melodías de esta ópera están cargadas de belleza y emoción, y la labor de la conducción y la entrega de la orquesta le hacen plena justicia. Una performance llena de energía, fuerza y dramatismo, que no olvida resaltar los momentos de hondo lirismo.
Este “Werther” se entrega generoso, y despliega belleza, emoción y dramatismo. Hay un logrado despliegue escénico y un acertado casting, que nos permite entrar con fluidez a la gama de sentimientos que alberga la ópera de Massenet.
Es un punto alto de esta temporada lírica por la unidad y calidad que logra en todos sus componentes.
«Werther», ópera de Jules Massenet basada en la novela epistolar “Las penurias del joven Werther”, de Johann W. von Goethe. En el Teatro Municipal de Santiago hasta el sábado 11 de octubre.
Fotos de María Pía Merani.

