Yaritza Véliz protagoniza la ópera "La Traviata" en el Teatro Municipal de Santiago

Por José Luis Arredondo. Fotos de Patricio Melo.

El debut en el rol de la joven soprano chilena desató el fervor del público, que la premió con una prolongada ovación. La famosa ópera de Verdi, que se presenta con dos elencos hasta el sábado 3 de septiembre, destaca también por el alto nivel musical de la orquesta y una puesta en escena que potencia el formato de concierto.

El sábado 27 de agosto de 2022 quedará en la memoria de la soprano Yaritza Véliz y del público que asistió a esa función, la primera función del Elenco 2 de «La Traviata», en el Teatro Municipal de Santiago.

Tras la caída del telón final de la función, se desató una de las más sonoras y prolongadas ovaciones del último tiempo en el principal escenario artístico chileno, que premió la calidad y fiato de una entrega a cargo de un trío protagónico que lució formidable durante la interpretación de la célebre obra de Giuseppe Verdi.

La Violetta de Yaritza

Yaritza Véliz en el rol de Violetta (de blanco), junto a Annina (Pilar Garrido).

Yaritza Véliz ha desarrollado un firme y sostenido ascenso en su carrera, que ya se proyecta con muchas luces a nivel internacional. La joven soprano ha adquirido una sólida técnica que le permite sortear las numerosas dificultades del rol y enfrentar la coloratura del primer acto con seguridad y aplomo. Además, sus dotes histriónicas se evidencian en la prestancia escénica que demuestra y en la forma que conduce el rol hacia su lado más trágico a medida que se desarrolla la historia.

La suya es una Violetta que transita desde la frivolidad y displicencia del inicio hasta el dramatismo del segundo y tercer acto con muchos matices y sobretodo con convicción. Notable resulta su «Addio del Passato», que corona una performance de altísima calidad.

Alfredo y Giorgio Germont

Quien también se gana el favor de las audiencias es el tenor argentino Santiago Ballerini, gracias a su gallardo, aguerrido y elegante Alfredo Germont. Su interpretación nos hace evocar grandes intérpretes del rol como lo fueron un Alfredo Krauss o un Carlo Bergonzi, con un fraseo que trasunta la nobleza del personaje a pesar de su actitud hacia Violetta en el segundo acto.

Santiago Ballerini posee un timbre juvenil y brillante, una técnica impecable y mucha seguridad para llegar con fluidez y facilidad a las notas más agudas, aspecto fundamental aquí y que él logra a cabalidad.

El público del Municipal de Santiago ya ha aquilatado la calidad musical y teatral del barítono chileno Javier Weibel -sin ir más lejos, en su reciente Marcello de «La Boheme» sobre este mismo escenario. Pero no deja se ser grata sorpresa el aplomo y exactitud con que asumió el rol del severo Padre de Alfredo, Germont, si se considera que tomó el personaje a solo cinco días del estreno.

La suya es una entrega de granítica solidez, gracias a su material robusto y bien timbrado en la cuerda. Weibel entrega un Giorgio Germont con aires wagnerianos en su exultante fuerza y amplitud sonora, viril, enérgico y también sensible ante el dolor tanto de su hijo como, al final, el de Violetta.

Completan el solvente equipo de este Elenco 2 la Flora de María Luisa Merino (que viene de interpretar un rol solista en «El elixir de amor» en el Teatro Colon), el Gastón de Gonzalo Quinchahual, el Barón de Eleomar Cuello, el Marqués de Cristián Lorca, el Dr. Grenvill de David Gáez y una aplicada Annina a cargo de Pilar Garrido, joven soprano que ya se proyecta con seguridad hacia una carrera internacional en España.

El Coro y Orquesta Filarmónica tienen un solvente desempeño a cargo, en este caso, de Pedro-Pablo Prudencio, en una labor que explora con vibrante sonoridad el universo de Violetta, y que los hace acreedores de parte de los aplausos más sostenidos de la función.

El Elenco 1

El Elenco 1 en pleno, junto al Coro del Teatro Municipal de Santiago.

Al frente del Elenco 1, la soprano italiana Francesca Sassu conoce muy bien el rol de Violetta y lo demuestra en escena, a pesar de que, en el inicio, su condición vocal puede no parecer el más adecuado para este rol que exige mucha agilidad para abordar el primer acto. No obstante, la artista logra imponerse a medida que avanza la historia y el dramatismo se apodera de la ópera. En este sentido, resulta notable su interpretación del segundo y tercer actos, donde su contundencia, solidez vocal y gran presencia se imponen en plenitud.

El tenor chino Long Long entrega un Alfredo en toda su dimensión, su cuerda de lírico químicamente puro -con patente carácter de spinto- lo despliega con heroísmo y pasión. Long Long tiene un timbre brillante, diáfano, de gran volumen y sentido dramático, con el que aborda el dramatismo del enamorado y configura un amante aguerrido y sufriente.

Javier Arrey es uno de nuestros mejores créditos líricos a nivel internacional. Destacado y reconocido barítono, dueña de una carrera en ascendente consolidación, asume aquí el desafío de encarnar a Giorgio Germont, el severo padre de Alfredo. Su labor refleja la experiencia y técnica adquiridas, pero su edad no resulta convincente, ya que lo acerca demasiado a la de su hijo, en circunstancias que es lógico que se vea claramente mayor (recordemos que esta versión concierto no cuenta con escenografía ni vestuario).

Completan el elenco con un alto nivel de entrega Evelyn Ramírez como Flora, Gonzalo Araya como Gastón, Eleomar Cuello como el barón Duphol, Arturo Espinosa como el marqués D»Obigny, Pedro Alarcón como el Dr. Grenvil y Paola Rodríguez como la fiel Annina.

Dirección escénica

Lo sostengo desde hace tiempo. La dirección escénica de ópera debe quedar en manos de directores teatrales, toda vez que este arte es por su naturaleza un fenómeno escénico. Francisco Krebs aprovecha la ausencia de escenografía, vestuario y utilería para potenciar la iluminación (Ricardo Castro) y el uso del espacio que permite el amplio escenario de la sala.

Las acciones físicas son las estrictamente necesarias, y no hay desplazamientos injustificados. La composición espacial, en los momentos en que coinciden solistas y coro en escena, evita aglomeraciones y desorden, algo no poco frecuente en otras puestas.

La labor de Krebs potencia este formato de concierto, con la orquesta en medio de la platea (resistido por una parte del público y de la crítica), y saca todo el partido que se puede extraer de una escenificación que debe operar solamente sobre la base de la iluminación y a la corporalidad de las y los cantantes.

La versión concierto de «La Traviata» vista desde el balcón del tercer piso del Municipal de Santiago.

El brazo de Rizzi Brignoli

Uno de los puntos más altos de esta versión lo marca la excelencia alcanzada por la Filarmónica bajo la conducción de su director titular, el maestro italiano Roberto Rizzi Brignoli.

Así quedó de manifiesto en la función de estreno del Elenco 1, en la que el aplauso más prolongado y sonoro se lo llevó la orquesta, gracias a la capacidad de Rizzi Brignoli de entrar en el tejido más fino de la partitura y de todas sus posibilidades.

Rizzi deja de manifiesto que sabe explorar los intersticios de la ópera y es capaz de desplegar todo su lirismo y dramatismo, desde el festivo inicio hasta el dramático final. Justamente, su batuta intensifica el trágico desenlace como un vibrante y emotivo momento, desde el lacerante preludio del tercer acto hasta el instante en que la protagonista enfrenta el trance de la muerte.

«La Traviata», de Verdi, en el Teatro Municipal de Santiago de Chile.

Últimas dos funciones: 2 y 3 de septiembre de 2022. Info y entradas en http://municipal.cl

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