El elenco de «Clarissa Dalloway», encabezado por Bárbara Ruiz-Tagle y Alvaro Espinoza.

Por José Luis Arredondo.

El Teatro Finis Terrae estrena esta excelente adaptación y puesta en escena de una de las novelas claves de Virginia Woolf. Se trata de un logro artístico que traduce al lenguaje teatral la riqueza literaria y la profundidad del texto de este referente obligado de la literatura universal del siglo XX.

La Primera Guerra Mundial, la llamada Gran Guerra, ha terminado hace solo unos años. La sangre de las víctimas, que cubrió Europa, se ha secado lentamente, pero el horror permanece aún fresco y vivo en las memorias. El ser humano se interroga sobre el sentido de la vida tras semejante barbarie. Mientras observa su entorno y la naturaleza, repasa su vida y da rienda suelta a sus reflexiones más profundas. En esos pensamientos, que fluyen como un torrente imparable, el pasado y el presente se vuelven uno, se mira el hoy en relación al ayer, y en esa perspectiva se avisora un mañana, que es solo una posibilidad incierta. La vida, como un ejercicio de profunda introspección, se instala en mentes y almas.

Clarissa Dalloway ama las fiestas y las flores. Por eso ella misma las comprará para adornar la casa donde esa noche recibirá a sus invitados. Mientras se suceden los preparativos y avanza el día, su mente bulle de pensamiento, reflexiones y recuerdos, asoman pasados amores, sueños, frustraciones, interrogantes, dudas, certezas… Una cadena interminable de cosas que sucedieron -o pudieron suceder- acosan su espíritu.

La novela «La señora Dalloway», de Virginia Woolf (1882-1941), publicada en 1925, es un abismal viaje al interior de la mente, alma y espíritu de esta mujer en la Inglaterra de entreguerras; una narración ejemplar de lo que llamamos «el flujo de la conciencia» que retrata el drama de un grupo de personajes y el entorno de Clarissa, que sirve a Woolf para reflejar lo más recóndito de la condición humana.

Mientras avanzan las horas de ese día de fiesta, la mente de la protagonista viaja hacia atrás y hacia adelante en un fluir y devenir sin cortes e imparable. Asoman culpas, amores imposibles, rencillas, resquemores, conflictos mal resueltos o pendientes, los traumas de la guerra, y un sinfín de variables que conforman un mapa humano de dramáticas dimensiones. También hay espacio para los sueños, la felicidad, la contemplación y a belleza, porque esta jornada es como la vida, de dulce y de agraz, e inabarcable en su complejidad.

Lograda adaptación

El principal mérito de la versión estrenada en el Teatro Finis Terrae es que la escritora María José Navia, con la asesoría del dramaturgo Marco Antonio de la Parra, consigue un acertado «trasvasije» desde el lenguaje y la estructura propiamente «novelesco», al teatral.

Todo el flujo de conciencia y pensamientos de las páginas de Woolf se corporizan y se ponen en tensión para la escena, en una articulación que, sin desconocer el origen (muy evidente por lo demás) absolutamente textual de la pieza, le otorga la «acción» dramática necesaria para transformarla en una atractiva obra teatral.

En este sentido se percibe de fondo la influencia de esa magna obra del autor norteamericano Eugene O»Neill «Extraño interludio», en el que los personajes verbalizan sus pensamientos transformando lo que se dice y lo que se piensa en algo único, indivisible y evidente, un acto al que el espectador asiste de forma omnisciente.

Tahina Johnson y Bárbara Ruiz-Tagle, en una escena de «Clarissa/Dalloway».

Dirección con sintonía fina

La puesta en escena, dirigida por Constanza Brieba, potencia esta adaptación centrada en la introspección. Se recrea un ambiente amable, rodeado de naturaleza, delicado, con un claro sentido minimalista y estilizado, para que sean las actuaciones al desnudo y el texto, los centros gravitacionales y de atención.

Es una buena forma de instalar una teatralidad enfocada en la inmensa riqueza conceptual de las palabras. Porque en definitiva estamos hablando de un teatro en el que la acción interna es la que predomina por sobra la física, y en donde esta última está siempre supeditada, como debe ser en estos casos, a una potente motivación y justificación desde el interior.

La de Brieba es una dirección clásica, prolija, de sintonía fina, asentada firmemente sobre la base de las actuaciones y el ritmo que demanda cada escena de acuerdo a su naturaleza e intensidad, y que deja fluir, de manera inteligente, la enorme potencia del texto y la atmósferas que esta crea.

Actuaciones destacadas

Las actuaciones se sumergen a fondo en la propuesta, partiendo con la de Barbara Ruiz-Tagle como la protagonista. Ella marca el tono general, conduce la acción con aplomo y seguridad, en alas de un latente dramatismo muy bien conjugado con su actitud mundana.

Es seguida de cerca por Alvaro Espinoza como Peter Walsh, un solitario ya maduro, frustrado amor de juventud de Clarissa, que vuelve de la India masticando una sensación de vacío y derrota. Esta es una actuación empoderada, firme, y que expone muy bien la vulnerabilidad del personaje.

Destaca también el trabajo de Nathalia Aragonese como la sirvienta Lucy y un par de roles más, que logra diferenciar muy bien entre sí. En conjunto, el elenco responde muy bien a las exigencias actorales, salvo el trascendental personaje de Séptimus Warren, a cargo de Gabriel Díaz, encarnación del profundo quiebre que puede ocasionar la guerra en al mente y alma humana, que no llega a instalar del todo y en profundidad el sentido trágico del rol.

El trabajo de diseño cautiva por su delicada y teatral estética, recreando un ambiente en donde prima la naturaleza en transparencias que permiten observar el tránsito de los personajes en sus idas y venidas, como figuras que entran y salen de las diversas capas que constituyen las evocaciones, pasadas y presentes de Clarissa, envueltas en una luz que se disgrega acertadamente entre realidad y ensoñaciones.

«Clarisa/Dalloway» es un trabajo delicado, hecho con refinamiento y sensibilidad, que corporiza con acertada teatralidad la poética de Woolf, desplegada en un texto de profunda humanidad y riqueza literaria. Sin duda estamos ante una puesta en escena que ya se sitúa entre lo más logrado y relevante de la temporada 2022.

«Clarissa/Dalloway». Dirección: Constanza Brieba | Elenco: Bárbara Ruiz-Tagle, Álvaro Espinoza, Nathalia Aragonese, Tahina Johnson, Jorge Díaz Wilkinson y Gabriel Díaz | Adaptación y traducción de «La Señora Dalloway» de Virginia Woolf por María José Navia | Asesoría dramatúrgica Marco Antonio de la Parra | Música original: Orlando Alfaro | Diseño integral: Valentina San Juan | Asistencia de Diseño: Omar Parraguez | Diseño de sonido: Mono Sonoro Producciones | Imagen pintura: «Reino», de Manuel José Ugarte | Producción artística: Sergio Gilabert | Asistencia de producción: Javiera Barrientos | Una Producción Teatro Finis Terrae 2022.

Fotos: Maximilian Riveros.

Precios: $12.000 general, $7.800 adulto mayor, $6.000 estudiantes por Ticketplus 
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