El maestro Francisco Rettig conduce a la Orquesta Filarmónica de Santiago.

Por José Luis Arredondo.

Con una atractiva e inédita disposición escénica en esa sala, en la que el público rodea desde la platea y el escenario a los músicos, la Orquesta Filarmónica retomó los conciertos presenciales en el Teatro Municipal de Santiago después de un año y medio de inactividad a causa de la pandemia.

Este programa de reencuentro con el público cuenta con un atractivo programa que ofrece un estreno chileno y dos clásicos servidos en bandeja de plata gracias a una vibrante conducción del reconocido director Francisco Rettig.

La partida la da un estreno absoluto del joven compositor chileno Diego González (1987), “Cantos a la Noche”, obra ganadora del segundo concurso nacional de composición en su versión año 2019. Se trata de una composición dividida en seis partes, a modo de breves movimientos, que recrean sonoramente las variadas atmósferas que nos evoca la noche, en un sentido de profunda introspección y personal experiencia.

La obra de Diego González resalta por su rica y potente orquestación, algo no demasiado frecuente en piezas contemporáneas, y el extenso abanico de influencias que se percibe en el conjunto, donde se advierte un ascendiente que va desde Gustav Mahler a Richard Strauss, pasando inequívocamente por autores como Arnold Schönberg y Alban Berg. Una interesante pieza que nos habla de un compositor de firme pulso y enorme proyección.

Luego de este estreno, llega el Concierto para Flauta y Arpa en Do Mayor K. 299, de W. A. Mozart. Esta es una composición delicada y etérea, en la que Rettig extrae a la Orquesta un logrado sonido camerístico. Alida Fabris en Arpa y Carlos Enguix en Flauta Traversa, consiguen una química y compenetración total, e instalan junto a la Filarmónica un momento de melancólica y tenue belleza musical. Es una pieza que pareciera “flotar”, y la entrega impregna la sala de esa sensación.

La solista Alida Fabris durante el concierto para Arpa y Flauta de Mozart.

Tras una breve pausa con el público en sala (ya que los intermedios están prohibidos por protocolo sanitario), llega el turno a la exuberante Sinfonía 9 en Mi Menor Op. 95, llamada «Del Nuevo Mundo», de Antonin Dvorák. Sin duda este es el plato fuerte de la velada y la conducción lo deja en claro, ya que la entrega resulta simplemente formidable.

Esta es una sinfonía exuberante que apunta esencialmente a la grandeza, un saludo y homenaje a los Estados Unidos, símbolo, para el compositor, de un mundo nuevo, amplio, viril y pujante, con un paisaje que se expande casi infinito en sus llanuras y alberga ciudades bullentes de actividad.

La lectura de Rettig hace aforar toda la riqueza de la célebre sinfonía. La suya es una dirección potente y vibrante, que, construida sobre un tempo más lento de lo habitual, mantiene la tensión necesaria para reflejar a fondo la épica de la obra, y permite paladear su riqueza y variedad melódica.

Es el corolario de una excelente velada musical, que en su primera función el público premió con una prolongada ovación, impulsada sin duda por la cargada atmósfera que envuelve al espectador tras la exultante pieza final.

Quedan a la fecha dos funciones, el 14 de octubre a las 18 horas, y el sábado 16 a las 17 horas en el Municipal de Santiago. http://www.municipal.cl

Fotos de Patricio Melo.

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