Por José Luis Arredondo.

Landa va de tumbo en tumbo desde que una decepción amorosa lo destrozó. Alcoholizado, vaga por donde lo lleve el destino vendiendo remedios para el dolor de cabeza, con una vaga pero firme y mística esperanza de redención anidada en su alma. El azar lo lleva hasta la carpa de un circo pobre que se encuentra sin payaso.

El circo al que llega Landa está habitado por una singular galería de personajes, seres fracturados por la vida, que sobreviven en los márgenes de la sociedad, premunidos de una dignidad y una fuerza a toda prueba. Es un microcosmos de fuerte impronta humanista, hombres y mujeres abatidos que se aferran unos a otros a pesar de las dificultades y diferencias.

Sin lugar donde ir, Landa pide empleo como payaso, a pesar de desconocer completamente el oficio. Ahí junto a Juanucho (un niño allegado que cuida y hace mandados, y que será en este caso «El Tony Chico») formarán una dupla que intentará sacar risas al poco público que asiste a presenciar el espectáculo.

Esta obra póstuma de Luis Alberto Heiremans (1928-1964) posee todo el vuelo existencial y místico que el dramaturgo imprimía a sus textos, desde la épica de “El Abanderado”, hasta la poesía de “Versos de Ciego”. Y la versión que entrega la compañía Geografía Teatral logra otorgarle al texto una dinámica contemporánea, sin diluir la presencia de las constantes del autor: una fuerte impronta existencial, la permanente presencia de la muerte y una pulsión de redención y salvación teñidas de cristianismo que moviliza a los personajes, aún cuando en este caso no todos son conscientes de ello.

Es una colorida adaptación, que juega entre una deconstrucción de la obra y una, por momentos, sobrelectura, que no atenta contra la médula de la obra ni alcanza a diluir su más primigenio sentido.

Estamos aquí ante un montaje muy dinámico, de fuerte sentido escénico-teatral, que juega las escenas con energía y vitalidad, y se abre a las variadas posibilidades expresivas que entrega el texto, en tanto pre-texto y sub-texto.

El elenco responde en su totalidad con un alto nivel actoral, con caracteres bien definidos y que se humanizan, en algunos casos, incluso desde el prototipo.

La dirección imprime un ritmo bien manejado, que no deja decaer la atención y mantiene la acción en una constante evolución hacia el final, incluso en los momentos de más introspección y reflexión por parte de los personajes.

Es una mirada de fuerte impronta contemporánea al universo de uno de nuestros dramaturgos mayores, que desde nuestro presente, y apelando a una estética de fuerte teatralidad, recrea con éxito el poético, místico y humanista universo de Heiremans.

“El Tony Chico”, de Luis Alberto Heiremans. Compañía Geografía Teatral. Dirección de Tomás Espinosa. Con David Gaete, Bárbara Vera, Coca Miranda, Elisa Vallejos, Coné Morales y Valentina Torrealba. Hasta el 9 de octubre en la Sala Antonio Varas, de miércoles a sábado a las 19 horas.

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