Quién no ha bailado con Raffaella Carra?

Por José Luis Arredondo.

«Encontrarnos tú y yo / es un juego fantástico / el amor es mas que amor / como en un sueño mágico / … Yo no se vivir sin ti / no se cómo decírtelo / por que uno (a) como tu / no podría inventármelo (a)».

Corrían pesados y graves los oscuros días de la dictadura cuando la imagen de la multifacética artista italiana irrumpió en la TV y en la escena de nuestro país. Su llegada fue como una llamarada de luz en medio de las tinieblas. Raffaella nos trajo glamour, luces, brillo, lentejueleas, sensualidad y sexualidad, y sobre todo música y baile, para disipar por un instante el dolor y bailar, bailar y bailar.

Fiesta, que fantástica fantástica esta fiesta

Para nuestra generación, la de los que nos asomábamos a los veinte en los 80, la llegada de Raffaella a Chile coincidió con los primeros carretes, las primeras trasnochadas y las primeras idas a las discos. Su irrupción, colorida y salvaje, era una invitación al goce, a la distracción, un escape a una realidad política y social que ya como adolescentes percibíamos muy bien. La Carrá era luces, humo, transpiración, contagiosa energía y adrenalina.

«Para hacer bien el amor hay que venir al sur, lo importante es que lo hagas con quieras tú».

Entre su rítmico y romántico cancionero brillaba con fulgurante luz el tema que invitaba a venir al sur del mundo para hacer bien el amor. En ese tiempo en que en Chile se censuraba todo lo que pudiera sonar a libertad, esta canción cayó como una pesada y filosa piedra en el zapato para los productores musicales de los omnipresentes estelares televisivos, tanto que la diva, en algo que debió causarle más risa y pena que rabia, se vio obligada a cambiar la letra del estribillo original por una que decía «Para enamorarse bien hay que venir al sur …», lo que despojaba de gran parte de la gracia, que era la directa connotación sexual del tema, más aún cuando la coreografía que bailaba junto a sus «chicos» no admitía dos lecturas.

Actriz solvente, gran bailarina, animadora locuaz, se paró «en la hilacha» cuando en el Festival de Viña del Mar de 1982 vio que el escenario era chico para sus coreografías y exigió, sin aceptar un no, que lo agrandaran. Y así tuvo que hacerlo la organización, porque a la Carrá no se le negaba.

Mujer de izquierda, declaraba «siempre voto comunista», en muchas entrevistas. En otras, dejaba muy en claro que en una disputa entre empresarios y trabajadores, siempre estaría «de lado de los trabajadores». Nunca la lucha de clases tuvo una defensora más glamorosa, empoderada y talentosa.

Caliente caliente eo, caliente caliente oa

Raffaella re-evolucionó nuestra juventud en muchos aspectos, su arte era revolucionario, porque subvertía el orden impuesto por los militares. Cómo rabiarían las señoras de los generales mientras los «chicos» de Raffaella se movían con explícita sensualidad gay a toda pantalla y todo escenario. Y cómo habrán disfrutado en secreto muchos conspicuos señores Opus Dei mientras marcaban disimuladamente el ritmo de esas mismas coreografías, fantaseando en su fuero interno con aquellos muchachos y sus ajustadas mallas fucsia.

Desde este lunes 5 de julio de 2021, Rafaella Carrá es parte del panteón de las leyendas pop. Nos quedan sus canciones y sus videos en YouTube para seguir bailando y cantando. Su paso por nuestra juventud aportó un poco del necesario oxígeno para llenar los pulmones, oprimidos por la falta de aire libertario bajo el régimen militar. La extrañaremos a ella, a sus chicos y a sus coreografías que desafiaban la gravedad, pero en especial extrañaremos lo que significó para nosotros, en esa época, en ese entonces, en esos años, su arte y su libertad.

Raffaella Carrà, un estilo propio que siempre ha marcado la diferencia

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