Grimanesa Jiménez y Marcela Salinas protagonizan esta obra virtual, situada en una peluquería en Vicuña, región de Coquimbo.

Por José Luis Arredondo.

Al no ser un servicio catalogado de «esencial», durante la pandemia las peluquerías -grandes y pequeñas- debieron bajar sus cortinas prácticamente apenas iniciadas las cuarentenas. Quienes vivían del oficio (peluqueras, estilistas, coloristas, depiladoras etc) quedaron cesantes de un día para otro, enfrentadas a la falta de trabajo, la incertidumbre y las cuentas por pagar (arriendo del local, agua, luz, patente comercial). Una debacle laboral que derrumba a cualquiera.

Judith (Grimanesa Jiménez) y su hija Dalila (nombre muy apropiado para una mujer que corte el pelo, a cargo de Marcela Salinas) debieron bajar la cortina de la peluquería llamada “La belleza de Judith”, ubicada en pleno centro de Vicuña, en la Región de Coquimbo, en cuanto la autoridad decretó la cuarentena.

Han pasado largos y angustiosos meses y por fin el plan «Paso a Paso» permite a este tipo de comercio volver a atender público, algo que por su naturaleza debe ser obligadamente presencial. En el intertanto, Dalila cortó el pelo y peinó a domicilio, cuando pudo, y su madre Judith acumuló suficiente tensión y nervios como para ser diagnosticada de depresión por el médico del consultorio.

Hoy vuelven a levantar la cortina y ambas, como dos actrices antes de un estreno, esperan ansiosas a su “público-clientela” más fiel: el Chino Rubio y Mireya Estrella, quienes cuales “Godot Beckettiano” se hacen esperar, esperar, esperar y … esperar.

“La belleza de Judith”, del joven director y dramaturgo nacido en la Región de Coquimbo, Bosco Cayo, es una pieza de cámara que logra instalar con claridad temas candentes que han copado la agenda social y política durante la pandemia: Negocios cerrados, cesantía, deudas, pérdida de contacto con la clientela, precariedad laboral y, sobretodo, tensiones acumuladas que deterioran fuertemente la salud mental de trabajadores y trabajadoras.

Mientras esperan ansiosas a su clientela, Dalila y Judith repasan temas familiares, asoman esperanzas, deseos, tensiones y viejas cuentas, como si buscaran reacomodar las vidas para volver a enfrentar esta, hasta ahora por lo menos, “nueva normalidad”.

Grimanesa Jiménez y Marcela Salinas interpretan sus roles desde lo personal, con un perfil de personajes que más sugiere que evidencia una construcción en todo el sentido. El aporte va en la naturalidad y la credibilidad que le dan a dos mujeres muy reconocibles y cercanos a la mayoría del público.

Una “cámara subjetiva”, desde el espejo del local, y otra a espaldas de los personajes, envuelven la acción y nos introducen al interior de la peluquería con asertiva precisión, para empaparnos de ese mundo tan particular con sus olores y colores (peines, cepillos, secadores, pinzas, una foto de Felipe Camiroaga y otra de Margaret Tatcher y su particular peinado), para construir un imaginario muy local y a la vez universal.

Bosco Cayo acierta en la instalación y articulación de los temas que hoy nos ocupan y preocupan. Las dos actrices transmiten humanidad y el dispositivo escénico-digital, que es sencillo en todos sus componentes pero muy apropiado, deja que la acción fluya, clara y potente hacia un final que desde lo Brechtiano hace un fuerte guiño al mundo del teatro.

“La belleza de Judith”, de Bosco Cayo, con Grimanesa Jiménez y Marcela Salinas. Espacio y vestuario de April Gregory. Música y canto de Nicolás Aguirre. Cámara, edición y operación técnica de Eleodoro (Lolo) Araya.

Hasta el 4 de julio, los viernes, sábado y domingo a las 20:30 horas en la Sala Virtual del Teatro Finis Terrae. Entradas a $4.000.- y $6.000.-

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