Por José Luis Arredondo.

Cada tanto en algún noticiero de TV abierta o periódico aparece una noticia relacionada con maltrato al interior de un hogar de ancianos. Muchos parientes recurren a estos recintos para dejar a sus adultos mayores cuando ya no pueden, o no quieren, tenerlos más en el seno familiar. Son sitios donde las y los mayores -se supone- tendrán los cuidados y atenciones que les pueden brindar especialistas, y podrán interactuar con personas de su misma edad.

En el documental “El Agente Topo”, de Maite Alberdi (seleccionada por nuestro país para los Premios Goya y preseleccionada por la Academia de Hollywood para los Premios Oscar como Mejor Largo Documental y Mejor Película Internacional), una hija sospecha que su madre (Sonia) es objeto de maltrato en un geriátrico ubicado en la localidad de El Monte, provincia de Talagante. Para cerciorarse de los hechos, contrata un detective privado (Rómulo Aitken), el que a su vez recurre a una original idea para entrar sin despertar sospechas en el asilo: Introducirá un adulto mayor (Sergio Chamy), quien, tras el breve casting en el que resulta elegido, se hará pasar por un asilado más para investigar, desde dentro y en secreto, si es verdad o no el maltrato en cuestión.

Devenido así en un octogenario agente 007, Sergio se “infiltra” en el asilo para observar de cerca a Sonia e informar todo lo que eventualmente le puede acontecer. Premunido de un lápiz con microcámara, unos anteojos de espía y un celular inteligente, artículos que no le dan pocos problemas dado su nulo manejo de la tecnología digital, el «Agente Topo» emprende su tarea, que no solo lo hará cumplir con su misión, sino también involucrarse muy de cerca con todas y todos los asilados, con sus penas y sus alegrías.

Con “El Agente Topo”, Maite Alberdi vuelve a explorar en universo de la tercera edad -antes lo hizo con “La Once”- y lo hace con una cinta que fusiona fluidamente el documental con elementos de puesta en escena, en una aproximación cercana y muy humana a las distintas rutinas que se viven al interior de un hogar de ancianos.

El protagonista se encuentra con un abanico de distintas realidades unidas bajo un mismo techo, y sin desatender su misión, comienza a involucrarse emocionalmente con quienes ahí viven. Así, ante los ojos y sentimientos de Sergio, Maite Alberdi despliega un abanico de personajes que cargan en sí las muchas penas y pocas alegres de los adultos mayores internados en geriátricos y casas de reposo.

En ese lugar encontramos a la coqueta Bertita, una viuda que no pierde la esperanza de volver a casarse cuando conoce a Sergio; o a Petronila, una delicada mujer que recita de memoria poemas en voz alta a quienes quieran escucharla. También asoma una interna prácticamente abandonada por su familia, que desvaría pidiendo por teléfono a su imaginaria madre que la saque de ahí.

Maite Alberdi ensambla una puesta en escena documental con elementos de ficción (la historia de “espionaje”) y la realidad cotidiana de los personajes de forma aguda, sensible y cercana, articulando una historia que respira humanidad y empatía con la soledad que envuelve a cada habitante de ese hogar, al que se llegó a través de una familia que pasó a convertirse en una constante ausencia. Y lo hace sin morbo ni melodrama, dejando que cada historia, cada caso, cada confesión que escucha el protagonista, fluya con la fuerza y la sencillez de una profunda verdad.

En la puesta en escena de la cineasta, Don Sergio asume un rol, un papel de “agente”, y el detective que lo contrata se pone en personaje “ahijado”, para justificar su presencia y sus visitas al asilo, que realiza con el fin de tomar contacto directo con la evolución de la investigación. Aporta también a este aspecto ficcional la reunión previa entre don Sergio, su hija y el detective, en la que este último la pone al tanto de la tarea que su padre emprenderá. Alberdi logra ensamblar sin fisuras el aspecto ficticio con lo documental, y logra conferir a la película una sólida estructura de unidad, que da contundencia a la historia de alcances universales, y una potente verdad que asoma en cada habitante del hogar de El Monte.

Emergen así luces y sombras de la vida de cada cual, tejidas en conversaciones que Sergio escucha con atención y emoción, y que lo llevan a involucrarse más a fondo cada día que pasa en el lugar. Así, a fuerza de compartir esas vivencias, su propósito inicial pasa a segundo plano frente al impacto de los relatos que le toca escuchar.

“El Agente Topo” es una cinta muy emotiva, a ratos divertida, sensible y humana, narrada con una cámara que registra sin invadir, a un ritmo que permite adentrarse e involucrarse en historias conmovedoras sobre soledad, abandono, penas y alegrías, propias de la edad más crepuscular del ser humano, cuando ya se hizo todo y el pasado, que asoma a cada instante, es el único presente que se puede vivir.

“El Agente Topo”, de Maite Alberdi (2020). Producción Marcela Santibáñez. Guión Maite Alberdi. Música Vincent van Warmedam. Fotografía Pablo Valdés. Protagonizada por Sergio Chamy y Rómulo Aitken. Disponible en Netflix.

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