Por José Luis Arredondo.

“… Soy sangre de tu sangre, fuerza de tu fuerza, locura de tu locura, hermosa locura, porque hace falta tener una cuota de locura para ser tan valiente, tan entregada, tan parada ante la vida; hacerte humana me permitió aprender de ti, tomar lo mejor de ti y llenar la ausencia con toda esa presencia de mi misma” (carta de Camila Walker Magni, a su madre Cecilia Magni, en 2017, a 29 años de su muerte).

En 1973 Cecilia Magni tenía 17 años, y celebró junto a su familia el Golpe de Estado que derrocó al presidente Allende. En ese momento la entonces estudiante del Grange School no imaginaba el giro radical que tomaría su vida poco después, cuando era estudiante de sociología en la Universidad de Chile. Fue en ese momento, enfrentada en forma directa a la realidad política que se vivía bajo la dictadura, que Cecilia se une a las filas de las Juventudes Comunistas, para luego integrar las del PC y del FPMR y llegar a ocupar un alto cargo dentro de su estructura.

Dos hechos fundamentales de los años 80 marcan más tarde su vida y su lucha: El atentado contra Pinochet, en septiembre de 1986, y dos años después, la toma del poblado de Los Queñes, en la región del Maule, operación militar que finalmente le cuesta la vida, tras ser capturada, torturada, asesinada y lanzada al río Tinguiririca junto a su pareja Raúl Pellegrin, también miembro del FPMR.

La obra “La Compañera”, de Carla Romero y Laura Agorreca, es el repaso que hace su hija (en la ficción) sobre la relación que la unió a su madre guerrillera, la Comandante Tamara, como era conocida dentro de la organización del Frente Patriótico.

En la obra, basada en hechos reales, la hija es una estudiante que debe hacer junto a una compañera una tarea sobre la vida un o una héroe. Ella elige a su madre y convence a su amiga de trabajar juntas en esta labor. Es el punto de partida para sumergirnos en la vida de Cecilia Magni desde el punto de vista más íntimo, personal, cercano y familiar, como lo es el de una hija respecto de uno de sus padres.

El formato escogido para esta representación virtual es la acostumbrada app Zoom. Aquí resulta muy pertinente y bien utilizado ya que es el soporte por el que se comunican ambas alumnas para hacernos partícipes de la historia.

El relato se arma por partes, a medida que nos entregan datos sobre Cecilia y cómo sobrellevó su hija las más que frecuentes ausencias de su madre mientras ella participaba activamente en la lucha contra la dictadura.

Mérito de la pieza es que logra un muy buen equilibrio entre el perfil político de combatiente de Magni con su semblanza netamente familiar, centrada en la relación con su hija y la mirada con que ésta dibuja ante nosotros el personaje.

No hay aquí una apología de la guerrillera como un ser “sobrehumano” entregado en cuerpo y alma única y exclusivamente a una lucha y un ideal, sino un retrato profundamente humano e íntimo de una mujer común y corriente, que, a pesar de su procedencia y educación burguesa, se involucra con todas sus fuerzas en dar la pelea contra la tiranía, desde una trinchera de carácter militar.

“La Compañera” es una obra valiosa, necesaria, bien actuada y bien realizada, que se mueve bien sobre su eje y propósito, y que viene al rescate de una vida que toda generación debiera conocer, por ser parte integral de nuestra memoria histórica, y a la que aún se debe justicia, ya que los carabineros involucrados en su captura y asesinato resultaron absueltos en el proceso que se siguió en su contra.

“La Compañera”, de Carla Romero y Laura Agorreca. Con Mariana Muñoz y Claudia Cabezas. Dirige Carla Romero. Una coproducción MalaMadre y Teatro UC (virtual).

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