Por José Luis Arredondo.

El cineasta y documentalista sudafricano Craig Foster pasaba por un momento de aguda crisis personal y profesional. Tras haber realizado un trabajo audiovisual en el desierto de Kandahari junto a su hermano Damon, también cineasta, Foster quedó como inmovilizado, y cuando regresó a su hogar se preguntó cómo seguir adelante. Se sentía vacío y su oficio ya no lo llenaba ni apasionaba.

Ahí, en su casa frente al “mar de las tormentas”, en el extremo de Sudáfrica, lugar donde los océanos Atlántico y Pacífico se unen en feroz abrazo, Foster sintió que debía volver a lo que lo apasionó desde niño, bucear en esas gélidas y agitadas aguas. Y así, en el íntimo contacto con el ecosistema marino, intentar recuperar el entusiasmo por su vida y su oficio.

Es durante una de esas esas jornadas de buceo por un bosque de algas, que Craig Foster divisa una extraña figura en el fondo, una “esfera de conchas marinas”, la que logra descifrar al acercarse y darse cuenta que es un pulpo (hembra) “camuflado”. De ahí en adelante la curiosidad por esta criatura marina lo hará acudir a diario a ese lugar, con lo que va a descubrir un mundo de sorprendente riqueza y variedad biológica.

“Mi maestro el pulpo”, documental dirigido por Pepa Ehrlich y James Reed, es la historia de este fantástico encuentro en el fondo del mar entre dos especies (hombre y pulpo), y la íntima relación que establecen a medida que interactúan. Lógicamente al principio el pulpo huye desconfiado de este visitante humano, pero al darse cuenta que Craig no tiene intención de dañarlo, poco a poco permite un contacto más directo y cercano.

Día a día, en largas jornadas que se extienden por casi un año, tanto diurnas como nocturnas, Foster crea un maravilloso nexo con el cefalópodo, lo que deriva en algo que perfectamente podríamos llamar una singular e inusual amistad.

El documental es la historia y el seguimiento de un proceso de conocimiento y unión, tanto Craig Foster como el pulpo establecen un nexo basado en la confianza mutua. El animal se da cuenta que el humano no pretende hacerle daño y éste se deja llevar hacia un mundo desconocido, de enorme riqueza natural y con leyes que, en definitiva, no difieren mucho de las que rigen nuestra vida en la superficie.

El vínculo que logran ambos es profundo y a Foster lo hacen replantearse muchas certezas sobre su vida, su naturaleza y su lugar en el mundo. Es la sensación de que en definitiva todos habitamos un mismo hogar, y que cuando nos aventuramos a otros hábitats, no somos visitas, sino simplemente estamos explorando nuevos espacios de nuestra propia casa.

“Mi maestro el pulpo” está narrada con cercanía y emoción, y aun cuando se trata de un tema especialmente científico, el foco está puesto en la mirada humanista y animalista acerca de esta singular relación.

A lo largo de ese año de exploración, el cineasta vuelve a sentir el impulso vital de existir y “vivir”, se reencanta con su oficio, registra en videos y fotos todo el ecosistema que alberga el bosque de algas y, de paso, entusiasma a su hijo adolescente para aventurarse juntos a ese mundo tan próximo a su hogar, pero tan desconocido hasta ese momento.

Narrada con sentimiento y prolijidad, y apoyada en un notable trabajo de fotografía, nos permite literalmente “sumergirnos” junto a Craig Foster en ese mundo maravilloso del que somos parte integral, al igual que las criaturas que ahí habitan. El planeta está vista como un todo, único e indivisible, en el que cada criatura comparte un mismo origen y un mismo destino. Un mundo en el que todos estamos unidos por el hilo invisible del gran entramado de la naturaleza.

“Mi maestro el pulpo” (2020). Documental de Pepa Ehrlich y James Reed. Protagonizado por el cineasta Craig Foster. Dirección de fotografía: Roger Horrocks. Disponible en Netflix.

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