Por José Luis Arredondo.

Las dos primeras escenas de “Rojo” son absolutamente significativas, y en rigor sintetizan todo lo que vendrá después, como un nefasto preludio. En la primera, en que vemos gente salir con objetos y enseres de una casa, ya se nos advierte que estamos en la provincia argentina en 1975 (poco antes del Golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Isabel Perón en 1976), y la imagen remite a lo que puede ser una mudanza o una huída.

En la segunda escena, dos hombres discuten en un restaurante, y uno conmina al otro a dejar libre una mesa ya que no está consumiendo. Éste lo hace, no sin antes humillar a su interlocutor por su actitud mal educada ante toda la concurrencia. Es una escena inquietante, violenta y muy tensa.

La película, dirigida por Benjamín Naishtat (Buenos Aires 1986), es una profunda exploración sobre las prácticas propias de una dictadura cívico-militar dentro de un conglomerado humano, como es en este caso un pueblo al interior del país transandino. Ambas escenas iniciales serán, de ahí en adelante, el eje, explícito o implícito, sobre el que girará toda la cinta.

Bejnamín Naishtat construye un potente relato sobre las oscuras y violentas prácticas de una dictadura, sin aludir de forma directa al gobierno de facto que irrumpió en Argentina en 1976 bajo el mando del general Jorge Rafael Videla y los otros integrantes de las Fuerzas Armadas. La película opta más bien por instalar estas nefastas prácticas en el diario vivir de un poblado lejano a los centros de poder y de la capital, en la “Argentina profunda” podríamos decir.

Ahí vive, hasta el inicio del filme plácidamente, un prestigioso y conocido abogado de la localidad, Claudio (Darío Grandinetti). Una noche, mientras espera a su mujer Susana (Andrea Frigerio), se trenza en una discusión con un desconocido; el hecho no termina ahí, ya que el tipo, que después nos enteramos se llama Diego (Diego Cremonesi), apodado El Hippie, lo espera fuera del restaurante.

Este será el inicio de un inquietante periplo que involucra al abogado, a su familia y a una serie de otros personajes de su entorno cercano.

Naishtat elige un camino lateral para hablar de la violencia institucional propia de una dictadura, y de cómo esta violencia se inserta en un grupo humano, sin necesidad de recurrir a citas históricas textuales o a la recreación literal del gobierno de Videla. Esto, por extensión, y aún situado en el plano físico y temporal concreto de la Argentina en los 70, expande el relato, por vía del símbolo, la alegoría y la metáfora, hasta la oscura historia que vivimos como continente bajo el yugo militar en aquella década.

En este aspecto resulta central la irrupción del personaje encarnado por el actor chileno Alfredo Castro, el “detective de televisión” Sinclair, resumen y síntesis de un ser oscuro y siniestro al servicio del mal, que se mueve bajo la apariencia de un investigador privado.

El director impregna el relato de una atmósfera tensa y muy inquietante, que estéticamente recrea con total acierto la época y la textura del cine de ese entonces, gracias a la extraordinaria fotografía de Pedro Sotero, a una gran dirección de arte y una notable banda sonora, que va desde Camilo Sesto a Jairo, y de María Elena Walsh a Jean Phillipe Rameau.

Premiada con tres galardones en el Festival de San Sebastián 2018 (Mejor Actor, Mejor Director y Mejor Fotografía), “Rojo” es un importante ejercicio de memoria histórica, que fija su mirada en una sociedad en la que conviven la lucha y la reacción, que habla de cómo la violencia se inserta y se normaliza hasta trasformarse, peligrosamente, en la norma y el hábito cuando el poder central da cátedra de represión.

Esta es, en última instancia, una cinta de denuncia, que apunta a la complicidad y la pasividad de muchos ante la barbarie, y que se sirve de un género como el thriller para construir un relato profundamente político. Es una crónica social aguda, potente, necesaria y de gran estatura artística.

“Rojo” (2018). Guión y dirección de Benjamín Naishtat. Fotografía de Pedro Sotero. Con Darío Grandinetti, Andrea Frigerio, Alfredo Castro y Diego Cremonesi en los roles principales. Disponible en Netflix.

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