Por José Luis Arredondo.

La familia Shtisel vive y muere en el corazón de un barrio ultraortodoxo de la actual Jerusalén; bajo la atenta mirada del patriarca Shulem observan la fe y la tradición con férrea devoción y disciplina. Sin internet ni televisión, la familia lleva una vida de semi aislamiento, en la cual el tiempo se va en atender los trabajos, la casa, los estudios religiosos, cultivarse en los preceptos de la fe que profesan y hacer vida de comunidad entre sus iguales. Eso hasta ahora, porque de alguna forma las complejidades de la vida se abren paso aunque les cierren la puerta, y la naturaleza humana aflora más allá de lo que la religión alcanza a controlar.

El equilibrio de la familia se rompe cuando Akiva, el benjamín, se siente atraído por una mujer que también es miembro de la comunidad religiosa. Eso parece estar bien, salvo por dos detalles. Ella es una mujer mayor que el joven y ha enviudado dos veces. Como consecuencia de esta relación detona un conflicto, con efecto dominó, que remecerá tanto a los Shtisel como a muchos de quienes los rodean y pondrá a prueba un sistema de vida y unas costumbres arraigadas a fondo en todos ellos y ellas.

Esta serie israelí, creada y escrita por Ori Elon y Yeonatan Indursky, estrenada el 2013 y disponible en Netflix con dos temporadas a su haber, es un buceo en profundidad por la vida moderna bajo la fe ultrortodoxa judía.

“Shtisel” exhibe variadas fortalezas y, gracias a su riqueza narrativa, se abre a múltiples lecturas e interpretaciones. La sicología de los personajes es muy rica y los caracteres están configurados con profunda humanidad y variadas aristas, capas y matices, permitiendo que los conflictos fluyan con enorme credibilidad. A la vez, esta riqueza despierta gran cercanía con cada uno, lo que nos permute empatizar a fondo con el conflicto de cada cual.

Resulta interesante la forma en que la serie nos hace entrar en el universo que retrata, ya que lo hace desde el choque y la tensión que este genera, entre lo que los miembros de esta familia “quieren” y lo que “deben” -cuando asoma la atracción por un estilo de vida más abierto y menos convencional.

Un periplo personal y comunitario, en el que cada cual lucha con sus demonios, instintos, fortalezas y debilidades para salir adelante de los problemas que los acosan. En este camino descubren su esencia y de paso asoman cuestionamientos a la forma de vida que llevan, y cómo esta forma, con frecuencia, frena o retarda la concreción del deseo.

A medida que avanzan los episodios, asoman (con el conflicto amoroso de Akiva como eje narrativo de la primera temporada) los problemas relacionados con el sistema patriarcal que los rige. Son conflictos laborales; generacionales, el desempleo, la situación de la mujer cuyo hogar, por alguna circunstancia, se ve privado de hombre, la educación de los niños, la vida de los adultos mayores, la viudez, la soledad, la soltería, el matrimonio bajo esta estructura social y religiosa, y las tradiciones de una comunidad de estas características.

«Shtisel» es una serie rica en contenidos y con un nivel de excelencia en sus componentes artísticos. Las actuaciones resultan cautivantes por su calidad y el guión sorprende por la solidez dramática que exhibe y la forma, de gran creatividad, en que instala los conflictos.

En otro aspecto esta serie resulta, aunque sin proponérselo explícitamente, una suerte de precuela de “Poco ortodoxa”, otra serie de gran calidad -también disponible en Netflix y comentada en este blog y que protagoniza Shira Hass, actriz también presente en un importante rol en “Shtisel”.

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