Por José Luis Arredondo.

“Feliz es la familia con una madre apacible, que se sacrifica por su familia y cría a los niños…”. Así dice la letra de una canción que suena en la radio mientras Manana realiza múltiples labores como dueña de casa. Son labores domésticas que ella hace después de su trabajo como profesora para atender a su numerosa familia, compuesta por sus padres, su marido y sus hijos, tres generaciones que tratan de convivir entre frecuentes roces bajo el mismo techo.

En la casa, la cuerda está tirante y en cualquier momento se rompe; la rutina asfixia, la tensión se palpa y la vida en común se hace difícil. Así las cosas, Manana toma una decisión radical, que convulsiona a toda la familia y su entorno.

La gota que colma el vaso llega para su cumpleaños 52; está cansada, hastiada y con nada de ánimo para celebrar, porque su vida es una fatigante rutina, un monótono diario vivir de días idénticos uno y otro. Su marido, ajeno a lo que sucede a Manana, organiza una fiesta con muchos amigos y familiares, una velada bulliciosa a la que ella asiste de mala gana y deprimida.

Ese será el momento de la crucial decisión: Manana se irá a vivir sola en busca de paz, tranquilidad, silencio y, sobretodo, de un encuentro consigo misma.

Dirigida por el matrimonio que conforman la georgiana Nana Ekvtimishvili y el alemán Simon Gross, «My Happy Family» privilegia un enfoque íntimo, “de cámara” y muy contenido para narrar esta historia, plagada de detalles y matices que, con lo esencial, desarrollan la sicología de cada personaje.

La película es el asertivo retrato de un modo de vida al interior de una familia, que sufre los habituales problemas que trae la diferencia de edad e intereses de sus integrantes. Manana (interpretada por Ia Shugliashvili), se debate entre la indiferencia de su marido (Merab Ninidze) e hijos, la ruidosa e invasiva presencia de su madre y la ausente presencia de su padre.

Esta es una película que respira honda e intensa verdad en cada escena, una cinta cercana, emotiva, sutil, muy de piel, hecha con gran economía de recursos, agudeza y poder de síntesis, que se apoya en un notable trabajo actoral y de dramaturgia. «My Happy Family» es, lejos hoy por hoy, de lo muy bueno que podemos encontrar en la amplia cartelera de Netflix.

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