Por José Luis Arredondo.

«A la espera de mi final feliz bajé las defensas, olvidando la primera lección de mi vida: Que vine a este mundo para ser abandonada, que siempre estaré sola» – Mary Shelley.

En pleno siglo XIX, Mary Wollstonecraft Godwin es un espíritu libre, una joven de 16 años que vibra con la literatura y se siente oprimida en una sociedad férreamente patriarcal. Su alma y su mente están más allá de los parámetros que dicta la sociedad de la época a las mujeres, y Mary no es una chica sumisa y ciegamente obediente. Al contrario, piensa y vuela en alas de una potente imaginación que descoloca a muchos de sus contemporáneos.

Por eso su encuentro, durante una velada literaria, con el poeta Percy Shelley provoca, casi literalmente hablando, un incendio en su cuerpo, su mente y su alma. Shelley es joven, apuesto, audaz y romántico en todo el sentido del término; un artista de la palabra que la deslumbra con su inteligencia y talento. Es un primer encuentro definitivo, que enciende la chispa y ya no hay vuelta atrás.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Los aprietos económicos mellan el romance y la poca madurez de Shelley enfría la relación y decepciona a Mary. La vida juntos está lejos de ser tan plena como lo soñaron y los problemas arrecian, aunque no se separan y siguen adelante aferrados cada uno a su arte y a la pasión que, a pesar de todo, no se extingue. Son dos vidas que intentarán permanecer unidas hasta donde sea posible.

La película “Mary Shelley” (2017), dirigida por la cineasta Haifaa Al – Mansour (absoluta pionera del cine en su país, Arabia Saudita), es una biopic que se mueve con soltura dentro de los márgenes de lo correcto. Sus mayores logros y fortalezas van por el lado de la ambientación, la dirección de arte y las actuaciones, dentro de las que destaca con fuerza expresiva la de Elle Fanning como la protagonista.

El guión acierta al no descuidar dos momentos claves de la historia, cuando Mary asiste a un espectáculo de variedades donde se experimenta con galvanismo para “resucitar” una rana muerta; y donde Lord Byron (como anfitrión de la pareja) les propone matar el aburrimiento de unos días marcados por una persistente lluvia, creando una historia de fantasmas.

La directora también acierta al destacar el hecho de que, por ser mujer, los editores de la época pusieron en duda que ella fuera la autora de la novela“Frankenstein” (le atribuían la autoría a Shelley), y por otro lado pone en evidencia el violento choque que provocó una mujer inteligente, talentosa y sensible, en el marco de una sociedad cerrada, machista y prejuiciosa. En este sentido, Haifaa Al-Mansour contrapone en forma clara el valor y talento de Mary, en permanente confrontación con un mundo masculino representado por Percy Shelley y Lord Byron, personajes representativos de esa sociedad.

«Mary Shelley» es un filme de gran calidad dentro de su formato, que narra la historia con buen pulso, emoción y rigor estético. Un buen ejemplo de biopic que se adentra en la vida apasionada y apasionante de una joven mujer que luchó y se impuso gracias a sus capacidades y tesón. Una mirada que instala con acierto a su protagonista desde lo feminista y reivindicativo a nivel de género.

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