Por José Luis Arredondo.

El cambio climático llegó a un punto de no retorno y había que buscar una solución de emergencia o resignarse a que todo el planeta sucumbiera. La solución que intentó un grupo de científicos era extremadamente arriesgada, y consistía en bajar la temperatura de la Tierra para frenar el calentamiento global. Sin embargo no todo resultó según lo planeado y el planeta vive ahora una mortal era glacial, con temperaturas que superan los 100 grados bajo cero. Toda vida humana y animal en tales condiciones es imposible.

Siete años después de la catástrofe, lo que queda de la raza humana sobrevive a bordo de un gigantesco tren de 1001 vagones, el Snowpiercer, que gira sin parar por el planeta congelado. Los primeros en subir a bordo fueron los ricos, que por supuesto compraron con anticipación sus boletos en primera clase, y los últimos en abordarlo, los pobres, que subieron a bordo como polizones ya que no tenían dinero para comprar un pasaje.

Y aunque la vida tal como la conocíamos se extinguió, el Snowpiercer reproduce exactamente la estructura de la sociedad capitalista que produjo la debacle climática. En los vagones de cola se apiñan hacinados los sobrevivientes pobres. En pocos metros cuadrados malviven en las peores condiciones, y solo los mantiene con esperanza una posible “revolución” que planean para acceder a los vagones delanteros, donde habitan los privilegiados que, dueños del dinero, mantienen todos los beneficios de su pasada vida.

Esta serie es producida, entre otros, por el cineasta coreano Bong Joon ho, ganador del Oscar con «Parásito» y quien en 2013 realizó un largometraje con este mismo título y esta misma historia, protagonizado por Chris Evans y basada a su vez en el cómic de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette.

Al inicio del primer episodio se ha cometido un horrible crimen, y para descubrir a la o el asesino, siempre bajo la atenta mirada de Melanie Cavill (Jennifer Connelly), se recurre al ex detective André Layton (Dave Diggs), quien a cambio de obtener algunos privilegios para los postergados, accede a resolver el caso.

“Snowpiercer” juega en el tablero de todas las obras que recrean mundos y sociedades distópicas, reproduciendo, en este caso a bordo de un tren, las desigualdades sociales y económicas que caracterizan el orden capitalista. La serie, que debutó este 25 de mayo con dos episodios en Netflix, añade una dosis de suspenso con una reconocible cita a la novela “Crimen en el expreso Oriente”, de Ágatha Christie, ya que hasta no dar con el culpable, todos los pasajeros son potenciales sospechosos.

Por otro lado hay un potente marco de acción, ya que los confinados a los vagones de cola se enfrentan seguidamente con las fuerzas de seguridad del convoy, un grupo de militares fuertemente armados que reprimen con fiereza y sin piedad todo intento de sublevación al orden establecido.

En rigor la serie, al menos en el inicio, se la juega por la metáfora gruesa y la alusión directa. Es una crítica frontal a las estructuras de poder, económicas y políticas, que provocaron el colapso planetario, y que aún en situaciones extremas sigue reproduciendo el modelo de desigualdad y abuso sobre el cual sustenta sus privilegios.

Esto, unido a elementos siempre atractivos, como son la conjunción de acción y suspenso, con el fuerte componente social y político, la convierte en un producto atractivo y que genera interés en seguir su desarrollo. Sobre todo cuando la calidad parte por el equipo de producción encabezado por el premiado cineasta Bong Jon-ho.

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