Por José Luis Arredondo.

Cuando hace dos años el dramaturgo sueco Marcus Lindeen vino al estreno de su obra “Los arrepentidos”, en el Centro GAM, comentó al director Victor Carrasco que tenía una obra basada en testimonios de un grupo de “ensoñadores compulsivos”. Este término corresponde a una condición así bautizada por el sicólogo israelí Eli Somer, que se refiere a personas que dedican buena parte de su tiempo a construir historias imaginadas y fantasiosas en las que asumen roles y situaciones a su gusto. Esto puede llegar incluso a ser una adicción que capture la vida real casi por completo.

La contingencia nacional primero, con el estallido social, y mundial después, con la pandemia del coronavirus, hizo que dicha obra, “Mentes salvajes”, llegara hoy hasta nosotros de un modo que jamás hubiésemos imaginado, ni siquiera sus creadores, para convertirse en el primer estreno “virtual” del Centro Cultural GAM de esta temporada.

Se trata de una experiencia singular en que el público “asistente” no acude hasta una sala de ese Centro, sino que se conecta a través de Zoom (un software de videollamadas y reuniones virtuales para PC y teléfonos celulares) para verla.

En «Mentes salvajes», los cinco personajes utilizan precisamente Zoom para conectarse entre ellos, en una especie de terapia grupal sin terapeuta, en la que cada cual expone sus ensoñaciones y cómo estas han entrado en sus vidas hasta constituir parte esencial de ellas.

En estas existencias paralelas Ana (Paulina Urrutia) es Jaime, un singular ex guionista de 92 años; Nelson (Gabriel Cañas) es un cantante y actor gay de fama internacional que vive en total exposición mediática; Sandra (Natalia Valdebenito) es una mujer mormona con superpoderes, una especie de mujer maravilla que se mueve en distintos planetas viviendo fantásticas historias; Deborah (Francisca Gavilán) es Frankie, un traficante de drogas de agitada y extrema vida; y el quinteto se completa con Andrés (Héctor Noguera), un hombre mayor que en esta vida paralela creó una hija, ya adulta, con quien mantiene una excelente relación mutua.

La experiencia, como espectadores, es bastante singular y en mi caso inédita. Situados frente a la pantalla del computador tenemos a los actores y actrices en un permanente primer plano, y cada cual desde su casa como hábitat y escenografía, asume a modo de bosquejo su personaje, en una construcción dramática que es una aproximación, un esbozo de carácter que sugiere la personalidad de cada uno. Podemos hablar de una “encarnación encaminada” a la que sin duda falta el desarrollo que la obra puede encontrar sobre un escenario.

El elenco responde con solvencia porque son intérpretes de talento y experiencia reconocida, pero el formato los “amarra”, inmoviliza, y frena el vuelo expresivo que podrían lograr en una puesta en escena presencial. El texto es bueno y las historias despiertan interés; también hay variedad en los relatos y en los caracteres, lo que permite seguir con atención esta “reunión” a distancia. La obra fluye bajo este formato porque su fuerza radica en lo textual, en lo oral, aunque laten fuerte las enormes posibilidades que tendría, para ampliar su campo expresivo y significativo, sobre un escenario.

“Mentes salvajes” resulta interesante a nivel de experiencia, pero yo no hablaría de teatro propiamente tal, sino de “tele-representación”, o “tele-teatro”, algo que se sitúa a medio camino entre la experiencia que entrega lo audiovisual y lo estrictamente vivo y presencial.

Una experiencia valorable

La pandemia y sus cuarentenas nos han situado en un terreno desconocido hasta ahora. Los artistas en su necesidad y afán de no perder contacto con las audiencias, exploran las posibilidades que internet brinda como soporte para canalizar necesidades expresivas. En este sentido “Mentes salvajes” resulta una experiencia interesante, una pieza que logra acomodarse bien a las posibilidades que entrega Zoom.

En este aspecto y contexto la rescato y valoro, porque nos conmina a replantearnos temas fundamentales de lo teatral y sus posibilidades; nos hace observar, y cuestionar si se quiere, aspectos del paradigma escénico tal como lo entendemos hoy en base a su historia y evolución.

Sin duda que esto abre posibilidades no totalmente concebidas por los teatristas, una oportunidad para crear en base a un fenómeno aún desconocido en sus alcances. Eso mientras volvemos a pisar nuevamente las salas de teatro, a tomar otra vez contacto más “directo” con obras y artistas.

En todo caso esta nueva realidad llegó para quedarse, un dato no menor que debe ser tomado en cuenta especialmente por los dramaturgos en particular y teatristas en general, y no desconocer las proyecciones que puede tener cuando se exploren todas sus posibilidades.

“Mentes salvajes”, de Marcus Lindeen, una producción del Centro GAM disponible en su web. Duración: 46 minutos. Entrada general $ 4.000.

En cartelera hasta el 26 de julio. En gam.cl

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