Por Vicente González.

Estrenada en 2017 y actualmente disponible en Netflix, «Atómica» (Atomic Blonde, dirigida por David Leitch) es un festival de cultura pop y una alternativa de protagonismo femenino en el género de la acción, basada en la novela gráfica «The Coldest City», de Antony Johnston y Sam Hart.

Justo antes de finalizar la guerra fría, la agente del MI6 Lorraine Broughton (Charlize Theron) es enviada a una seductora Berlín para recuperar una lista de agentes dobles; una misión muy riesgosa en la que cuenta con la ayuda de un salvaje agente llamado David Percival (James McAvoy). Con enemigos y aliados tan llamativos, la protagonista surcará un mar de acción y engaños para lograr su cruzada.

Desde la primera escena la cinta marca su tono. En 1989, la tensión previa a la caída del muro de Berlín se deja de lado con el enunciado “Esta no es esa historia”. New Order y su inolvidable tema «Blue Monday» abren la acción estilizando el primer asesinato para, segundos después, presentar a Lorraine Broughton, quien rebosa estilo visual y recuerda tanto en actitud como en acciones al clásico James Bond.

Desde el inicio de la película se instaura la máxima que regirá la dinámica, a la manera de cualquier obra de espionaje: “No confíes en nadie”; luego, mediante la exposición por flashbacks, se tejerá y desenredará el gran paño de mentiras.

La película sabe aprovechar su biblioteca musical para generar momentos emocionantes llenos de personalidad y atmósferas intrigantes (mucho mejor de lo que hizo «Suicide Squad» un año atrás).

El erotismo entra en el relato acompañado por luces bajas, colores tan vivos como la misma protagonista, y la exótica e implacable interpretación de James McAvoy. Lamentablemente, a medida que avanza la narración, parte de este atractivo sensual se diluye debido a que en ocasiones el ritmo no logra sostener la atención. Ejemplo de aquello es el distinguible pero eterno plano-secuencia que, pese a ser un excelente show de combate, tiende a recurrir a la comicidad de la crudeza para impactar al espectador, quien necesita también diálogos que sostengan la trama.

Con todo, gracias a una protagonista digna de su clase y el estilizado carácter que emite la música, «Atómica» complace de buena manera el gusto por el a menudo menospreciado género de acción.

La estética del filme exuda carisma por donde se le mire. Desde la ambientación de un Berlín bohemio y caótico, a los neones saturados por una exquisita fotografía, «Atómica» encanta y se convierte en un atractivo referente del género, no solo para un público adolescente o adultos con crisis de mediana edad, sino para el deleite atemporal.

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