Por José Luis Arredondo

Programada originalmente para noviembre del año pasado, esta producción de la ópera «Don Giovanni», de W. A. Mozart, vio su estreno postergado debido a la contingencia del estallido social. Finalmente ayer, jueves 12 de marzo, y ante un público expectante que repletó el recinto talquino, el Teatro Regional del Maule estrenó su producción de este título referencial.

Esta es una versión que tiene sus mayores fortalezas en los aspectos musicales, partiendo por una sólida dirección orquestal a cargo del maestro Francisco Rettig, al frente a la Orquesta Clásica del Maule. La suya es una dirección dramática, densa y granítica, un Mozart más romántico que clásico y que evoca la gran e histórica versión dirigida en Salzburgo por el mítico director austriaco Willhem Furtwängler en la década del 50.

Rettig potencia los elementos trágicos de la historia del libertino abusador, una lectura que ahonda sonoramente en los aspectos más oscuros del drama y nos sumerge en la vida de los personajes como si bajáramos al abismo insondable del alma humana. Es una dirección de peso pesado, tensa y contundente, a la cual la orquesta responde con acierto en todos sus relieves.

En cuanto a los solistas, el Don Giovanni del joven barítono Ramiro Maturana resulta contundente y creíble en sus aspectos más siniestros. A Maturana le ayuda un timbre robusto y bien colocado, de volumen generoso y fuerza interpretativa. El joven cantante se mueve con soltura y seguridad, tanto en su perfil de personaje violento como seductor, y plasma en escena una sexualidad de viril arrogancia.

Me sorprendió gratamente el Leporello del bajo-barítono Arturo Espinosa, imbuido a fondo en este personaje que, por momentos, resulta una proyección de su amo, se las ingenia para obedecer al libertino, tomándose cuando puede atribuciones que también lo perfilan como un ser abusivo y misógino. Espinosa luce una voz potente y muy bien colocada, maneja su material con soltura y se planta con mucha seguridad en cada escena. Se trata de un trabajo destacable en todo aspecto y que habla de un joven intérprete en pleno dominio de sus recursos y capacidad artística.

Notable es la Doña Anna de la soprano Annya Pinto. Hay ahí un rol trabajado en todos sus aspectos. Es una mujer que actúa movida por dos motores: El dolor por la muerte de su padre (El Comendador), asesinado por Don Giovanni en la escena inicial de la ópera, y la ira, que la impulsa pronto a la venganza, dándose tiempo además para consolidar la relación con su prometido, el noble aunque un tanto pusilánime Don Octavio. La soprano regala un timbre brillante y un gran talento dramático, asumiendo a la vez con seguridad la coloratura e imponiendo excelente volumen y filosos agudos.

A la par corre la Doña Elvira de la soprano Andrea Aguilar, una infortunada alma que vive y languidece a merced del libertino, al que ama a pesar de todos los abusos de que este la hace víctima. Con una vasta trayectoria, Andrea Aguilar es una de nuestras voces líricas más consolidadas, con un seguro manejo de sus recursos: Muy buen desplante escénico, un timbre de gran resonancia y una considerable capacidad de asumir tanto su debilidad ante Don Giovanni, como su fuerza para querer romper el círculo vicioso de este amor enfermo.

El tenor Felipe Catalán saca adelante su Don Octavio con esfuerzo, encontrando más solidez en lo escénico que en lo vocal, aspecto este en que lo percibí a ratos complicado.

La Zerlina de la soprano Tabita Martínez brilla con ángel y seguridad; resulta ingenua y seductora, y muy creíble gracias a una voz fresca y bien colocada. Es un trabajo que resalta y se impone con calidad y soltura.

Completan el elenco solista un Masetto bien plantado, pero a ratos poco audible, a cargo del joven barítono Nicolás Suazo; y un potente Comendador en manos del bajo Pedro Alarcón.

El coro, de apariciones puntuales pero muy significativas en esta ópera, aporta el marco adecuado al tono de libertinaje y desatada sexualidad de la historia de Don Juan.

La puesta en escena, firmada por Rodrigo Navarrete, nos remite a la Sevilla dieciochesca, afirmada en una secuencia de proyecciones digitales de tono fantasmal que ponen de relieve el aspecto siniestro del libreto escrito por Lorenzo Da Ponte. Ante ellas los personajes actúan como si se tratara por momentos de una película, ya que el movimiento y cambio de estas proyecciones adquiere, para los cambios de escena, un carácter similar al travelling cinematográfico.

Esta nueva producción del Teatro Regional del Maule es un «Don Giovanni» que tiene su mayor fortaleza en lo musical y que gracias a un elenco jugado y de gran calidad, hace justicia a esta obra mayor de la ópera de todos los tiempos. Un trabajo que el público asistente premió y reconoció con prolongada ovación al final de su estreno.

La segunda y última función tendrá lugar este sábado 14 de marzo a las 20 horas.

«Don Giovanni», ópera de W. A. Mozart, en el Teatro Regional del Maule, en Talca. Dirección orquestal de Francisco Rettig/ Dirección escénica de Rodrigo Navarrete / Dirección Banda interna de Pablo Carrasco / Director del Coro Pablo Ortiz / Continuo a cargo de Gabriel Vinker / Coreografías de Esdras Hernández / Diseño escénico e iluminación de Ramón López / Diseño Imagen y video de Álvaro Lara y Claudio Rojas / Diseño vestuario de Loreto Monsalve.

Don Giovanni: Ramiro Maturana / Leporello: Arturo Espinosa /Donna Anna: Annya Pinto / Donna Elvira: Andrea Aguilar / Don Ottavio: Felipe Catalán / Zerlina: Tabita Martínez / Masetto: Nicolás Suazo / Il Comendatore: Pedro Alarcón. Orquesta Clásica del Maule

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