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Julianne Moore en ‘Gloria Bell’.

por Carlos Loyola Lobo. 

Hace seis años, el estreno de “Gloria”, de Sebastián Lelio, fue recibido con inusual entusiasmo. La cinta del hoy ganador del Oscar, protagonizada por Paulina García, había tenido un positivo recibimiento en la Berlinale, premiado con el Oso de Plata en la categoría de Mejor Actriz.

Al momento de su estreno en Chile, y como pocas veces en el cine chileno, la película logró complementarse con su audiencia sin tener que recurrir a recursos fáciles como la comedia sexual y/o escatológica. Se trataba de un filme que se hacía cargo de un tema inexplorado hasta entonces: la vida (y con ella, las contradicciones, placeres, dramas, penas y liberaciones) de una mujer próxima a los 60 años, divorciada, con hijos grandes, que vive sola, que aún trabaja y que buscar rehacer su vida, que sale a clubes de bailes para adultos, tiene intimidad con hombres de su edad, que en ocasiones fuma marihuana y que finalmente quiere echar atrás achaques y frustraciones y que prefiere decir “aquí estoy, esto es lo que soy”. 

«Gloria» es un manifiesto de la vida de una mujer madura. Una bandera de lucha femenina para las mujeres mayores. Sebastián Lelio dijo, en entrevistas, que se había inspirado en su madre y en las reuniones que ella tenía con sus amigas. Finalmente les hablaba a ellas y así terminó construyendo una empatía universal.

Años antes de la ola feminista que estamos viviendo, Lelio anticipó desde su cinematografía este germen, que a la luz de lo que hemos visto con posterioridad en su trabajo como cineasta, lo transformó en una marca de fábrica, en un viaje inspirado y que le ha traído sonados reconocimientos mundiales con una especie de trilogía que continuó con “Una mujer fantástica” y que siguió con “Desobediencia”. Mujeres en estado de conflicto y con necesidad de validación y liberación. 

Quizás como una forma de cerrar el círculo, ahora el cineasta vuelve al origen, y lo hace con una versión de «Gloria» que más que un remake parece un cover. Una nueva versión filmada con otra banda, otra música, otro elenco, otra locación, otra cultura.

En esta nueva «Gloria», que esta vez incluye apellido, “Gloria Bell”, la gracia está en que el propio Sebastián Lelio se sienta en la dirección y recurre a su montajista de siempre, Soledad Salfate, lo que ya nos hace respirar con cierto alivio: este no es un producto hecho por encargo a terceros.

Para más tranquilidad, la protagonista es la gran Julianne Moore, primera responsable que todo esto ocurriese de nuevo (fue ella quien buscó a Lelio, conversó con él y se entregó a protagonizar esta nueva versión). Pero acá no está Umberto Tozzi, sino que Laura Branigan y con ella una seguidilla que hits anglo de finales de los setenta y ochenteros, desde clásicos de la música disco (Gloria Gaynor, Earth Wine and Fire, Anita Ward y Olivia Newton John) hasta baladas como «Alone Again (naturally)», «Lady-lady-lady» (que también suena en «Flashdance») o «Total Eclipse of the Heart». Todas suenan mientras Julianne Moore maneja su auto y canta. Al igual que la Gloria de Paulina García. O cuando va a bailar a los clubes para gente adulta. O cuando está en baño, en la cocina, cuando fuma marihuana acostada en el suelo del living de su casa o de fondo antes de acostarse mientras se saca sus anteojos. 

Podríamos decir que la matriz de esta Gloria es la misma. Sus vaivenes; esos hijos que llevan vidas independientes pero son dependientes como el que más; sus amigas y ese amor contrariado y disperso, emocionalmente muy inestable, que en su versión original caía en el rol de Sergio Hernández y que acá parece incluso crecer en manos del siempre solvente John Turturro.

Y por cierto, una Julianne Moore siempre eficiente, que se apropia del personaje y le da luz e identidad propia a esta Gloria, que vive en un mundo post #MeToo y a la que terminamos acogiendo y sumándonos a su causa de reconocimiento.

Hay secuencias con poco ritmo y remate flojo. Casi al inicio del filme, hay una escena en que la Gloria de Julianne Moore fuma en el estacionamiento con una compañera de trabajo y su resolución es bastante plana. O situaciones dramáticas con desarrollo truncado producto de un montaje arrebatado.

Señalemos que “Gloria Bell” es un cine para espectadores adultos, donde Sebastián Lelio confirma su completo dominio en la dirección de grandes actores, con un resultado satisfactorio y muy por sobre la media. En tiempos de capas, superhéroes y franquicias eternas que se olvidan apenas pasan los créditos, lo de “Gloria Bell” es un acontecimiento para los que buscan una mirada autoral y contemporánea. 

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