Por José Luis Arredondo.

Mediados de los años noventa en Francia. Un grupo de jóvenes bailarines prepara la que será una gira por Europa y Estados Unidos, los ensayos han sido intensos y cansadores, por eso después de practicar una vez más la coreografía se dan tiempo para celebrar que todo marcha «como Dios quiere», según dice uno de ellos al final de la agotadora jornada.

Esa será una noche de fiesta, de alegría y celebración antes de la gira. Hay música (techno) y mucha, mucha sangría para brindar.

Hasta aquí todo bien, salvo que alguien, no se sabe con certeza quién, pone una substancia alucinógena en la bebida y eso trastorna toda la fiesta, transformando esa noche de celebración en una pesadilla de la que costará despertar y después de la cual nada será igual.

«Clímax», del cineasta franco-argentino Gaspar Noé, es un alucinado viaje al infierno en andas de la droga. A medida que avanza la noche, este «viaje» colectivo se hace más espeluznante, cuanto más efecto hace lo ingerido, más siniestro se torna el ambiente y más cargada la atmósfera.

Pero Noé no se queda en la anécdota personal del grupo de jóvenes, este viaje de pesadilla bien expande sus lecturas a lo político y lo social, de eso se encargan los colores de la bandera francesa, que presiden el salón donde se desarrollan gran parte de los hechos, en una especie de escuela abandonada que ha sido el lugar de los ensayos.

«Clímax» se puede leer como el reflejo de un país (Francia) y un continente (Europa), en su actual realidad social. El grupo, absolutamente interracial, sintetiza diversas problemáticas sociales ocultas bajo el barniz, resquebrajado en muchas aristas, del continente cuna de la cultura occidental. En el conjunto de jóvenes pulsan el racismo, la homofobia, la xenofobia, la intolerancia, la promiscuidad, el machismo, y varias condicionantes más de la sociedad tal como se vislumbra hoy.

La cámara de Noé sigue este dantesco viaje infernal en expresivos y largos planos secuencia, como un observador del proceso de decadencia que se agudiza bien avanza la noche. De pronto parece que avanzara por un laberinto, semejante a los círculos infernales descritos por Dante, en donde sus giros focales se hacen también parte de la distorsión reinante.

Fundamental en la creación de la atmósfera resulta la excepcional banda sonora techno, que nos envuelve y captura como un mantra.

Una película provocadora, violenta, ácida, que logra plasmar muy bien la sicodelia de esa distorsionada noche. La droga no potencia nada que ya no esté presente y latente en nosotros. Esto es quizás lo más inquietante al observar el comportamiento de este grupo humano.

El futuro no es muy promisorio que digamos, dado el «Clímax» que se vive.

Estreno en cines el jueves 28 de marzo.

Deja un comentario