Por José Luis Arredondo.

Si hay un artista que hace suyo eso de «renovarse o morir» es Raphael, y así lo demostró anoche en su sexta vez en el escenario de la Quinta Vergara.

Er Niño volvió a hacer de las suyas cautivando con una batería de éxitos, esta vez en el formato RESinphonico, que en arreglos para gran orquesta clásica introduce elementos de música electrónica. Es una vuelta de tuerca casi radical, pero que encontró el favor del público que ya conoce de memoria sus canciones más populares y entró sin problemas en la propuesta.

Fundamental en el éxito de la velada fue el desempeño de la Orquesta Filarmónica de Chile (no confundir con la Filarmónica de Santiago), a cargo del maestro Rubén Diez, agrupación de 70 músicos que se mostró sólida y segura en esta mixtura clásico-electrónica propuesta por los arreglos del cantante español.

Arreglos de una amplitud sonora que podrían haber puesto en apuros a una voz de 75 años, pero cuyas dificultades Raphael sortea con habilidad, al acomodar los viejos éxitos a su actual estado vocal. Er Niño es un animal de escenario, y lo que su material vocal ya no es capaz de asumir, lo suple con una entrega llena de energía y pasión. Finalmente es esto lo que cautiva, su enorme sentido de lo que es un espectáculo musical y la teatralidad de un estilo único e inconfundible.

Esto le permite asumir canciones tan diferentes como «Mi gran noche», «Yo sigo siendo aquel», «No vuelvas», «Digan lo que Digan», «Gracias a la Vida» y el tango «Malena», y hacerlas suyas dándoles esa impronta «Raphaeliana» que no admite comparación. La canción se sale de su ámbito y estilo para entrar en el del intérprete.

Una presentación profusamente comentada en tiempo real en las redes sociales, con algunas «quejas» sobre la calidad del sonido que resultan naturales, ecualizar una orquesta de ese tamaño no es sencillo, menos para los profesionales de nuestra TV, poco o nada acostumbrados a manejarse con una orquesta clásica.

Raphael nos cautiva una vez más con calidad e innovación, un viejo cisne que se niega a morir y sigue sorprendiendo con algo distinto cada vez que se presenta, esta vez con un show de gran tamaño que nos evoca el título de uno de sus grandes éxitos compuesto por el gran Manuel Alejandro: Yo sigo siendo aquel.

Er Niño de Linares rompiendo la barrera del tiempo se nos planta con con un repertorio del siglo XX que suena como del XXI, lo que se llama, en rigor, un clásico.

Deja un comentario